Saturday, December 3, 2011

Cien días.

Desembarcó en el sur de Francia, de extranjis. Subió hacia París con el trono entre ceja y ceja y, para cuando entró a la capital, el rey ya se había ido, a por tábaco, creo. Así que llegó, vio, y si no venció fue por muy poco. Puso Europa patas arriba - otra vez - pero cayó en Waterloo. Todo ello en cien días.


---   


Han pasado tres meses y pico desde que llegáramos a Suecia, también por mar. Cien días que, sin llegar a las cotas del corso peleón, han dado para mucho. Un cambio para mejor. 
Catta es feliz, estudiando algo que le gusta, que le interesa, que reafirma sus ideales. Un servidor trabaja desde casa, vive mejor que nunca y ha recuperado las ganas - y el tiempo - de darle a la tecla para parir estas brasas que unos pocos valientes siguen leyendo. Y de Faro, bueno, de ése no hay nada que decir que no se haya publicado aquí. Nos conocemos. 
Francamente, espero que no cambie nada durante una temporada. Si algo está bien, no lo toques. Déjalo estar, zagal, no sea que lo estropees.

En estas semanas he hecho lo posible por familiarizarme al máximo con la zona en que vivimos: ya sea en campo o ciudad, me gusta saber por dónde me muevo; saber qué zonas son buenas para perderme, en sentido literal o figurado - depende del día - y saber por donde tirar con el canijo en función de horarios, clima, luz, y otros factores.

En ese sentido, era fundamental que yo llegara a conocer bien el terreno que nos rodea antes de que la nieve y las temperaturas cayeran sin piedad, el invierno no es época para exploraciones. Por eso me puse manos a la obra desde el mismo día en que nos instalamos y, ahora que acaban de caer los primeros copos, puedo decir que he cerrado una campaña perfecta; manejo un buen número de rutas: cortas, largas, carretera, camino, bosque, prado, de ida y vuelta o de circuito. Me muevo a mis anchas. 
Es una satisfacción darme cuenta de como, poco a poco, todos esos paisajes que descubrí por primera vez una mañana de junio, yendo a ver la casa, a ver si firmábamos o no, se han convertido en lugares familiares, seguros. Esos primeros días en los que el jardín y la carretera eran los únicos sectores del mapa que no me eran desconocidos dieron paso a semanas y meses de conquista, batalla tras batalla - zanjas imprevistas, patinazos sobre hielo, pasos embarrados - hasta sentirme en mi territorio. Capaz, como anoche, de salir a ver las estrellas cruzando arboledas, campos y arroyos, sin riesgo a perderme, sin preocuparme por meterme en el jardín de nadie o sin tener que pensar en la fauna local - llevo a Faro, si me sale algún bicho, que se apañen entre ellos. 

Ha sido un cambio de vida, de ciudad a campo, que espero no tener que hacer a la inversa nunca más. Y no lo digo sólo por los ratos de ocio durante mi tiempo libre - donde, en ocasiones, sí echo de menos tener lugares civilizados un poco más a mano - pero más bien por cómo ha cambiado mi rutina laboral: estar al teléfono durante veinte minutos con un cliente complicado, negociar, colgar, mandarle un correo para cerrar el trato y, acto seguido, ponerme el abrigo, las botas y en cinco minutos estoy en mitad del campo, el aire fresco entornándome los ojillos, encogiéndome de hombros al colárseme el frío por el cuello - me he vuelto a olvidar la bufanda, maldita sea. Tomarme un respiro. Algunos se fuman un pitillo en el portal de la oficina, yo salgo con mi perro y nos revolcamos por la hierba. Que dure, que dure, porque es algo que no se paga con dinero.





Reconozco que es un poco extremo pues vivo como un ermitaño: en tres meses apenas he hablado con un puñado de personas diferentes; paso mis días con Faro, vivo lejos de mi familia, casi sin amigos. Pero era exáctamente lo que necesitaba. Recuperar energías, aislarme un poco del mundo para tener una nueva perspectiva, para poder respirar hondo antes de seguir adelante. Parece mentira que fuera tan difícil llegar hasta aquí.

Ya tendré tiempo de volver a Finlandia - al campo, claro -, a reunirme con amigos y familia. Quizá en 2013, quizá antes, quizá después. También es posible que, según pasen los meses, conozca a gente por estos lares y me vuelva de nuevo más social. Será el final de un exilio voluntario, el final de una época que recordaré toda mi vida. Cien días.


Hasta entonces, déjenme disfrutar de Santa Elena.





9 lobitos tiene la loba:

Anita Patata Frita said...

Este post da paz, tranquilidad... Supongo que es como estás, me alegro.

Anonymous said...

Es uno de los posts más chulos que te has cascado, me ha encantado leerlo.

Abrazos con magia,

Rafa

Enkeli said...

A mi también me gusta mucho el campo y me encanta todo lo que cuentas pero no sé si yo tendría una adaptación tan buena como la tuya a la práctica.
De todas maneras, ole tu filosofía de vida! Claro que sí, ahí, con optimismo, con energía, haciendo y disfrutando de todo aquello que desgraciadamente en la ciudad no se puede hacer.
Seguramente a más de un@ le encantaría probar este estilo de vida, yo me incluyo :P

Anita Patata Frita said...

Comenté ayer y no se ve... mierda de ipad ¬¬

Creo que puse algo que transmitías paz o algo así en este texto, pero lo mismo me lo ivento, tengo poca memoría, te veo bien, me alegro.

Hellsinking said...

Rafa: no hay nada como compararse con un comandante de artillería francés - aunque creo que luego hizo carrera - para conseguir un texto redondo. Gracias!

Enkeli: Catta estudia, yo trabajo desde casa y no tenemos críos - humanos, se entiende. Era la oportunidad perfecta para probar. Cuando toque hacer las maletas, veremos.

Ana: muy raro porque a mí sí me llegó al correo:
"Este post da paz, tranquilidad... Supongo que es como estás, me alegro."
Muchas gracias por ese comentario y por la paciencia de volver a intentarlo. Estoy a gusto, y trabajando para que dure.

Hellsinking said...

Ana: solucionado. Me he puesto el mono de rescatador de comentarios para recuperarlo :)

Anonymous said...

Debo de estar muy espeso, pero no entiendo tu comentario: "Rafa: no hay nada como compararse con un comandante de artillería francés - aunque creo que luego hizo carrera - para conseguir un texto redondo."

Lo he leído varias veces y no lo capto. De verdad, soy tontaco cuando me lo propongo.

Hellsinking said...

Jajaja, no lo entiendes? Bueno, mejor, eso me da un aura de "escritor incomprendido" que me viene de perlas para hacerme más famoso de lo que soy en los círculos bloguero-hispano-suecofinés-con-perro. Que son círculos pequeños pero, bueno, por algo se empieza.

Anonymous said...

Joer, es que no recordaba el comienzo de tu post, jeje. Vale, releído y entendido, aunque no es excusa y por tanto sigo alabando tu escritura ;)

Rafa