Tuesday, December 20, 2011

Ventilando el coche.

Un día al salir de fiesta a un amigo tuyo se le derramó algo de cerveza dentro del coche. Juraste en arameo. También ha pasado que tu novia coma chocolate y que algún pedacito se haya quedado incrustado en el suelo o - pecado! - en el asiento. Además, tu perro ha viajado mojado y embarrado muchas veces. Eso sin contar aquella vez en que tuviste que dar un frenazo y una de las bolsas de la compra se desparramó, reventándose el bote de nocilla, o aquella otra vez en que le prestaste el carro a un amigo y éste se fumó medio paquete de tabaco.
Vamos, que tu coche huele a muerto.

Un sábado te decides a hacerle una limpieza general. Tienes todo lo necesario: esponjas, cepillos, aspirador, alargadera, limpia-cristales, etc. Incluso has comprado un ambientador con aroma a "abeto lapón"que tiene una forma muy original de pino. Eres un pofesional.

Después de una hora y pico consigues que el exterior esté impoluto. Te ha dado tiempo incluso a rascar los bajos donde el metal está sufriendo y aplicar una manita de pintura plateada antioxidante.
Súmale otra hora y has pasado el aspirador, limpiado las alfombrillas, pulido el salpicadero, vaciado ceniceros - el otro imbécil los dejó llenó de colillas - y, además, has conseguido que los asientos estén casi perfectos. Crees que cuando se sequen casi ni se notará la mancha de atún con tomate. Has cumplido. Con nota.

Unas horas más tarde decides ir con tu novia al pueblo a comprar víveres. Tienes muchas expectativas y ella no te defrauda:
- Ohhh! Qué limpio está el coche!
Tu ego por las nubes. Y añade:
- Pero todavía huele raro, no crees?
Tu ego por los suelos.

Digamos que tú tienes nariz, sí, pero no olfato; y tras pasar un par de horas entre pintura, jabones y abrillantadores ni te habías planteado que el coche pudiera seguir apestando. El ambientador está sobre el salpicadero - no quieres colgar del espejo interior un ambientador con forma de pino, demasiado vanguardista - pero aporta mucho menos de lo que esperabas. Como siempre con estas cosas: o asfixian o no huelen a na'.
Ahora que te esfuerzas, ojos cerrados, en definir el olor dentro del habitáculo, te parece algo como esencia de pino lapón con regusto a abrillantador lima-limón, reforzado con el suave y envolvente aroma a Marlboro, canijo mojado y nocilla fermentada. Igual tiene razón la parienta.


Lo primero que haces es agitar el ambientador con forma de pino por todas partes, como haría un chamán expulsando a los malos espíritus. Esto, además de ser absolutamente inutil, ofrece la garantía de que te olvides dicho cartoncillo de pino lapón en el asiento de atrás y de que tu perro se lo coma en el próximo viaje - al menos le olerá bien el aliento. Y el coche con olor a tabaco.
Lo segundo que se te ocurre es, una noche, cuando sacas al canijo para la última meada, vaciar medio bote de ambientador para acto seguido cerrar de nuevo la puerta. Bueno, aparte de ser un método radical para gastar botes de ambientador es considerado como tentativa de homicidio por intoxicación. Y el coche, fíjate tú, oliendo a tabaco.
La tercera y última idea que tienes, ya presa de la desesperación, es conducir con las ventanillas bajadas. Factible entre abril y septiembre, complicado el resto del año. Y el coche - qué sopresa - oliendo a tabaco.

Así que al final se te hincha la vena y aprovechando que os vais de vacaciones dos semanas le comentas a tu novia que vas a solucionar el tema del olor. Déjalo en mis manos, cariño. Total, lo único que hace falta, más allá de productos químicos, es ventilar el coche:


Nota mental: la próxima vez, hazlo en verano.


En fin, el arte de lavar el coche. Para muchos es un engorro. O, mejor dicho, es una de esas cosas que te da una pereza horrible empezar pero que, una vez metido en faena, no se lleva tan mal: tu música, ver como todo vuelve a estar limpito poco a poco, el perro subiéndose a los asientos quince segundos después de que apagues el aspirador, tiene su cosita. Eso sí, aunque solamente sean dos horas o tres las que le dedicas al asunto, acabas rendido. Esto de limpiar es agotador, oiga.


Por eso el domingo estás tan cansado que te acabas quedando en casa todo el día. Pero bueno, tampoco te pierdes nada; total, está lloviendo a mares...

4 lobitos tiene la loba:

Anita Patata Frita said...

Pecado mortal que la parienta coma chocolate en el coche y que "el nene" suba embarrado da más o menos igual... ejem ejem, en cuanto aparece el perro las chicas pasamos a segundo plano, me cagüentoloquesemenea!

Anita Patata Frita said...

pd.- te mereces la congelación sutil del coche por ese gesto con tu señora.

Hellsinking said...

Anita: en mi casa el orden de importancia es: muchacha, perro y luego, lejos, voy yo. Con decirte que a veces no tengo sitio en la cama.
Y lo del chocolate, bueno, me sabe mal ser tan duro pero he edulcorado la historia: lo que se derritió fue media tableta que se olvidó en verano sobre el asiento del copiloto. De todas formas a mí el coche me la trae floja - para empezar, odio conducir. La limpieza que hice fue para pasar la ITV.

De todas formas te felicito porque el coche esta mañana estaba, en efecto, congeladito perdío...

Anita Patata Frita said...

XD