Pereza sonando a todo saco en la oficina. Estoy solo - para variar - así que me he traído mis propios cds. Para amenizar el día. Para recordarme lo increíblemente feliz, relajado y aliviado que me siento. Lo de "aliviado" es un guiño al maestro...
Señores, suena Pereza pero no me siento perezoso, aunque dicen que soy uno. Estoy relajado, contento, ilusionado. Donde tenía que haber estado desde el comienzo. Este es el final de una larga historia de desamor a primera vista.
Estoy sentado en mi garita - ahí queda. Ocupado, revisando un legado de varios años y algunos meses. Igual ayudará a alguien a arrancar. Igual. No sé, ya no es mi guerra.
De vez en cuando dejo de teclear y separo la vista de la pantalla. El día ha salido frío pero despejadísimo. Miro por la ventana, sonriendo, bobalicón. No, agilipollado no: bobalicón. Que estamos en época navideña y no hacen falta tacos.
Gaviotas vuelan alto, a su bola, y el sol va ganando centímetros en los tejados. No calienta pero me da igual: es un día precioso. Perfecto, luminoso. Buena despedida del 2008. Esta noche es, como diría mi padre, NocheNueva o AñoViejo. Cambiamos el 8 por el 9. Los últimos doce meses no me dieron tregua sino mucha estopa.
Propósito para el año entrante: ser feliz y, si hay estopa, que sea yo el que la dé.
Pero en serio, paso de Estopa, me quedo con Pereza. Dejo de teclear el excel. Me levanto para ir a la cocina. Un vaso de agua en la zurda. Una mandarina en la diestra. Pero no vuelvo directo a mi cuarto. Paseo brevemente por la oficina. Tarareo las canciones que me sé... Y vuelvo a mi puesto. A seguir con mi trabajo. En calidad de mercenario, no de soldado.
Se hace camino al andar. Se hace.
Feliz Año Nuevo a todos.
Wednesday, December 31, 2008
Monday, December 8, 2008
Mudanza a ritmo de samba
Pongámonos al día.
No escribo desde hace mucho tiempo. Agradezco a todos los seres humanos que, con su corazoncito y su paciencia, me dejaron comentarios y me siguieron visitando pese a la sequía.
Dado que no tengo ganas de pensar - menuda novedad para un lunes - voy a escribir un poco a loco, ideas y temas sueltos y en desorden y ya vosotros os montáis la peli por vuestra cuenta.
Primero, para que no se me pase: el viernes 12 estaré en Barcelona pero apenas tendré minutos sueltos para ver a nadie. Pa que os digo que sí, si no. Muy probablemente estaré pillando el tren para Alicante que sale a las 17h desde la estación patrona de Barcelona.
Para los menos avispados: obviamente, voy a Alicante. Llego el viernes y me quedo hasta el domingo por la tarde - horario por definir - y aunque mi principal objetivo es reunión familiar con hermano y hermana incluidos - no sé cuándo fue la última vez que coincidimos los cinco! - también sacaré tiempo para los amiguetes. Apuntaros en la agenda que el sábado de sobremesa y tarde estaré de cañas en algún bareto de la Playa de San Juan y encantado de saludar a cuantos más, mejor.
El domingo me piro a Madrid para pasar unos días pero los únicos ratos libres que tendré serán lunes, martes y viernes noche, y ni siquiera es seguro. Pero bueno, se aceptan propuestas.
Pasada esta oportunidad, no me atrevo a aventurar cuándo será la próxima vez que baje a España. Espéin para los amigos. The land near Mallorca para los alemanes.
Siguiente asunto, que no decaiga: la mudanza de Mäkelänkatu a Pitäjänmäki fue un exitazo - los nombres mejoran con el tiempo, como veis.
Os cuento.
La semana del 27 al 31 de octubre la dedicamos a limpiar y empaquetarlo todo. Todo. La idea era que cuando llegasen nuestros refuerzos el sábado in da morning no hubiése nada suelto. Y cumplimos.
El viernes 31 por la tarde habíamos alquilado un coche para empezar a llevar bártulos, todas las plantas - tenemos entre 15 y 20 - y sacarle provecho a un servicio de alquileres de coches al que nos apuntamos hace un tiempo. Recogimos el coche en el lugar acordado. Cargamos el vehículo, un muy espacioso Ford Ka, hasta los topes y más allá. Imprimimos mapas para encontrar fácil y eficientemente nuestro camino. Nos perdimos. Nos perdimos más. Nos encontramos. Pillamos un bache. Otro. Las plantas volcadas, un caos de la leche. Al final: recogimos las llaves, descargamos el coche, volvimos a casa usando el GPS del Nokia de Catta y yo acabé encerrado en el coche con el aspirador - llovía mucho - dejándolo como una patena.
Sábado de todos los santos. A las 7.30 tenían que llegar los padres de Cat. A las 7.30 llegaron. A las 7.45 tenía que llegar el amigo del padre con el camión. A las 7.45 llegó. A las 8 le había sugerido yo a mi amigo francés Steve que se plantara en mi casa para ayudar con la promesa de café, pizza y cervezas. A las 8 en punto llegó. Acojonante. Y lo mejor de todo fue que cuando llegaron los padres, pues apretón de manos y abrazos y gracias por venir etcétera pero cuando llegó el colega del camión - cuyo nombre nunca llegué a conocer, no saludó, no parpadeó, no. Entró, miró a su alrededor, se agachó, pilló una caja y salió. El padre de Catta lo siguió con otro petate, sin mediar palabra. Y así fue. Palabras las justas, eficiencia la máxima. 60 minutos después Steve y yo estábamos sentados en el sofá, a oscuras, en la parte de atrás del camión, camino al nuevo hogar. Una hora. Y mejor: otros 90 minutos después estábamos todos - incluidas Cat y su madre que se habían quedado para limpiar lo que pudiera haber quedado por limpiar - en el salón ya amueblado comiendo las prometidas pizzas y cervezas. Hay que joderse.
Sin ánimo de ofender - y basado en hechos reales - pero si esta mudanza se organiza en España me imagino el percal. Como si lo viera. La peña llegando a las once y media, como pronto. Nada empaquetado, por supuesto. El del camión viene pero al final mi hermano sólo me ha podido prestar el Megane, pero es un gran coche y el maletero cunde un huevo. Y nada, todo el día para arriba y para abajo, carga, descarga, amontona y suerte tendrás de acabarlo en un día...
Me imagino que estaréis deseando ver fotos del apartamento. Pero no va a poder ser: no tengo acceso a fotos ahora pispo así que tendréis que ser pacientes. Total, si habéis estado esperando semanas a que escriba algo - no lo neguéis, sé que habéis estado esperando, leales lectores - podéis aguantar unos días más.
Dejando el piso de lado, creo que una de las mejores cosas que Cat y yo hicimos en noviembre fue ir a un concierto de música brasileña. Tuvimos la oportunidad de ver a Farofa Carioca y a Elza Soares. Hubo otra banda antes pero, bueno. Eso. La pobre Elza tuvo un accidente de coche el mismo día de la actuación y quedó, para qué ponerlo en dulce si era salado, hecha una piltrafa. La mandíbula hinchada, coja, renqueante. Un cuadro. Y cuando en el hospital le preguntaron no irá usted a cantar esta noche, señora, que entre la edad y el leñazo debería relajarse, cuentan que la tía casi le arranca la cabeza al médico, al manager y la madre que los parió a todos. Y allí estuvo, cuarenta y cinco minutillos improvisando y haciendo que la sala entera se moviera. Impresionante. Y muy recomendable. Tengo fotos y vídeos de ese evento pero, no os lo vais a creer, me los he dejado en casa. Otro día, vale? Os lo casi-prometo por la sombra de Peter Pan.
Y un último mensaje respecto al concierto. Esto que escribo a continuación va para las cuatro señoras que estaban a mi derecha al principio del concierto, justo al lado de la mesa de control. No sé si hablan español pero seguro que alguien se lo traduce. Por su bien. Voy: Señoras, bailar samba, bossa nova, choro o cualquier otro género en público a su edad me parece un ejercicio sano, saludable, divertido y espero poder hacerlo yo mismo cuando cumpla esas primaveras sin vergüenza al qué dirán. Ahora bien, aprovechar la vorágine y euforia colectiva para bailar haciendo el imbécil, a esa misma edad, es muy muy triste. Porque ni siquiera iban borrachas que, digno o no digno, al menos aportaría algo de luz al asunto, van ciegas, qué le vas a hacer. Pero no era el caso. O sea, me explico: que un grupo de Erasmus haga un corro en una discoteca porque uno de ellos baila haciendo el pescador, el crupier, el tenista o el camarero me parece cojonudo. Yo tengo 24 y hago lo que me sale del pito en un bareto. Pero que cuatro tordas de 45 para arriba monten bulla y actúen como petardas meneándose como si estuviesen sufriendo un ataque de epilepsia me da vergüenza ajena y ganas de echar la papa. Porque daban pena. La gente las miraba, se apartaba y meneaba la cabeza preguntádose por qué. Y no me llaméis borde o rancio que no me apetece mandaros a paseo a vosotros también. Que una señora o señor adultos bailando con gracia y estilo siempre es bienvenido, pero una cosa es una cosa y otra, otra.
Lo bueno de haber ido al evento brasileño fue que nos dio la excusa perfecta para ir a Bossa, un restaurante más caro de lo que Cat y yo solemos frecuentar pero que valió la pena probar. Absolutamente todo lo que nos sirvieron estaba delicioso. Todo. El servicio también fue bueno - tardaron un huevo con el postre pero no seamos pijoteros - y quizá lo único mejorable fue la temperatura ambiente, no muy brasileña sino más bien finesa. Así que como veis, la noche fue carioca de principio a fin - y el fin fue pasadas las tres de la mañana, no creáis.
Sigo escribiendo esta semana antes de salir hacia latitudes latinas. Abrazos y demás!
Por último, y como última hora: MUCHAS FELICIDADES, JUAN.
No escribo desde hace mucho tiempo. Agradezco a todos los seres humanos que, con su corazoncito y su paciencia, me dejaron comentarios y me siguieron visitando pese a la sequía.
Dado que no tengo ganas de pensar - menuda novedad para un lunes - voy a escribir un poco a loco, ideas y temas sueltos y en desorden y ya vosotros os montáis la peli por vuestra cuenta.
Primero, para que no se me pase: el viernes 12 estaré en Barcelona pero apenas tendré minutos sueltos para ver a nadie. Pa que os digo que sí, si no. Muy probablemente estaré pillando el tren para Alicante que sale a las 17h desde la estación patrona de Barcelona.
Para los menos avispados: obviamente, voy a Alicante. Llego el viernes y me quedo hasta el domingo por la tarde - horario por definir - y aunque mi principal objetivo es reunión familiar con hermano y hermana incluidos - no sé cuándo fue la última vez que coincidimos los cinco! - también sacaré tiempo para los amiguetes. Apuntaros en la agenda que el sábado de sobremesa y tarde estaré de cañas en algún bareto de la Playa de San Juan y encantado de saludar a cuantos más, mejor.
El domingo me piro a Madrid para pasar unos días pero los únicos ratos libres que tendré serán lunes, martes y viernes noche, y ni siquiera es seguro. Pero bueno, se aceptan propuestas.
Pasada esta oportunidad, no me atrevo a aventurar cuándo será la próxima vez que baje a España. Espéin para los amigos. The land near Mallorca para los alemanes.
Siguiente asunto, que no decaiga: la mudanza de Mäkelänkatu a Pitäjänmäki fue un exitazo - los nombres mejoran con el tiempo, como veis.
Os cuento.
La semana del 27 al 31 de octubre la dedicamos a limpiar y empaquetarlo todo. Todo. La idea era que cuando llegasen nuestros refuerzos el sábado in da morning no hubiése nada suelto. Y cumplimos.
El viernes 31 por la tarde habíamos alquilado un coche para empezar a llevar bártulos, todas las plantas - tenemos entre 15 y 20 - y sacarle provecho a un servicio de alquileres de coches al que nos apuntamos hace un tiempo. Recogimos el coche en el lugar acordado. Cargamos el vehículo, un muy espacioso Ford Ka, hasta los topes y más allá. Imprimimos mapas para encontrar fácil y eficientemente nuestro camino. Nos perdimos. Nos perdimos más. Nos encontramos. Pillamos un bache. Otro. Las plantas volcadas, un caos de la leche. Al final: recogimos las llaves, descargamos el coche, volvimos a casa usando el GPS del Nokia de Catta y yo acabé encerrado en el coche con el aspirador - llovía mucho - dejándolo como una patena.
Sábado de todos los santos. A las 7.30 tenían que llegar los padres de Cat. A las 7.30 llegaron. A las 7.45 tenía que llegar el amigo del padre con el camión. A las 7.45 llegó. A las 8 le había sugerido yo a mi amigo francés Steve que se plantara en mi casa para ayudar con la promesa de café, pizza y cervezas. A las 8 en punto llegó. Acojonante. Y lo mejor de todo fue que cuando llegaron los padres, pues apretón de manos y abrazos y gracias por venir etcétera pero cuando llegó el colega del camión - cuyo nombre nunca llegué a conocer, no saludó, no parpadeó, no. Entró, miró a su alrededor, se agachó, pilló una caja y salió. El padre de Catta lo siguió con otro petate, sin mediar palabra. Y así fue. Palabras las justas, eficiencia la máxima. 60 minutos después Steve y yo estábamos sentados en el sofá, a oscuras, en la parte de atrás del camión, camino al nuevo hogar. Una hora. Y mejor: otros 90 minutos después estábamos todos - incluidas Cat y su madre que se habían quedado para limpiar lo que pudiera haber quedado por limpiar - en el salón ya amueblado comiendo las prometidas pizzas y cervezas. Hay que joderse.
Sin ánimo de ofender - y basado en hechos reales - pero si esta mudanza se organiza en España me imagino el percal. Como si lo viera. La peña llegando a las once y media, como pronto. Nada empaquetado, por supuesto. El del camión viene pero al final mi hermano sólo me ha podido prestar el Megane, pero es un gran coche y el maletero cunde un huevo. Y nada, todo el día para arriba y para abajo, carga, descarga, amontona y suerte tendrás de acabarlo en un día...
Me imagino que estaréis deseando ver fotos del apartamento. Pero no va a poder ser: no tengo acceso a fotos ahora pispo así que tendréis que ser pacientes. Total, si habéis estado esperando semanas a que escriba algo - no lo neguéis, sé que habéis estado esperando, leales lectores - podéis aguantar unos días más.
Dejando el piso de lado, creo que una de las mejores cosas que Cat y yo hicimos en noviembre fue ir a un concierto de música brasileña. Tuvimos la oportunidad de ver a Farofa Carioca y a Elza Soares. Hubo otra banda antes pero, bueno. Eso. La pobre Elza tuvo un accidente de coche el mismo día de la actuación y quedó, para qué ponerlo en dulce si era salado, hecha una piltrafa. La mandíbula hinchada, coja, renqueante. Un cuadro. Y cuando en el hospital le preguntaron no irá usted a cantar esta noche, señora, que entre la edad y el leñazo debería relajarse, cuentan que la tía casi le arranca la cabeza al médico, al manager y la madre que los parió a todos. Y allí estuvo, cuarenta y cinco minutillos improvisando y haciendo que la sala entera se moviera. Impresionante. Y muy recomendable. Tengo fotos y vídeos de ese evento pero, no os lo vais a creer, me los he dejado en casa. Otro día, vale? Os lo casi-prometo por la sombra de Peter Pan.
Y un último mensaje respecto al concierto. Esto que escribo a continuación va para las cuatro señoras que estaban a mi derecha al principio del concierto, justo al lado de la mesa de control. No sé si hablan español pero seguro que alguien se lo traduce. Por su bien. Voy: Señoras, bailar samba, bossa nova, choro o cualquier otro género en público a su edad me parece un ejercicio sano, saludable, divertido y espero poder hacerlo yo mismo cuando cumpla esas primaveras sin vergüenza al qué dirán. Ahora bien, aprovechar la vorágine y euforia colectiva para bailar haciendo el imbécil, a esa misma edad, es muy muy triste. Porque ni siquiera iban borrachas que, digno o no digno, al menos aportaría algo de luz al asunto, van ciegas, qué le vas a hacer. Pero no era el caso. O sea, me explico: que un grupo de Erasmus haga un corro en una discoteca porque uno de ellos baila haciendo el pescador, el crupier, el tenista o el camarero me parece cojonudo. Yo tengo 24 y hago lo que me sale del pito en un bareto. Pero que cuatro tordas de 45 para arriba monten bulla y actúen como petardas meneándose como si estuviesen sufriendo un ataque de epilepsia me da vergüenza ajena y ganas de echar la papa. Porque daban pena. La gente las miraba, se apartaba y meneaba la cabeza preguntádose por qué. Y no me llaméis borde o rancio que no me apetece mandaros a paseo a vosotros también. Que una señora o señor adultos bailando con gracia y estilo siempre es bienvenido, pero una cosa es una cosa y otra, otra.
Lo bueno de haber ido al evento brasileño fue que nos dio la excusa perfecta para ir a Bossa, un restaurante más caro de lo que Cat y yo solemos frecuentar pero que valió la pena probar. Absolutamente todo lo que nos sirvieron estaba delicioso. Todo. El servicio también fue bueno - tardaron un huevo con el postre pero no seamos pijoteros - y quizá lo único mejorable fue la temperatura ambiente, no muy brasileña sino más bien finesa. Así que como veis, la noche fue carioca de principio a fin - y el fin fue pasadas las tres de la mañana, no creáis.
Sigo escribiendo esta semana antes de salir hacia latitudes latinas. Abrazos y demás!
Por último, y como última hora: MUCHAS FELICIDADES, JUAN.
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