Saturday, September 20, 2008

Requiem por un... ¿verano?

Nada. Ni verano ni nada de nada. No hemos tenido más que unos poquitos días con temperaturas por encima de los 20ºC. Y por si fuera poco, ha llovido mucho. Pero mucho mucho. En pocas palabras, ha sido un verano muy decepcionante.

Estamos a día 20 de septiembre - cumple de Catta fue ayer, para los rezagados - y ahora nos toca mirar hacia el otoño. Cada vez menos luz, árboles quedándose en pelota picada, tiempo lluvioso - para variar - y barrillo en las calles a falta de nieve y heladas. Pero pese a todo, me gusta. Los innumerables matices entre rojo y naranja en los árboles, el ruido ahogado de tus pisadas al perderte por un rato en el bosque, las primeras cenas románticas a la luz de las velas... el otoño tiene magia.

Por lo tanto, aunque admito estar triste por no haber disfrutado de la estación estival como se merece, sí que le tengo ganas a estos próximos tres meses. A ver cuándo llega la primera nevada - cuaje o no cuaje - y venga, a disfrutar cada de día sea soleado, lluvioso, cálido o frío.


Lástima que el clima sea tan rácano últimamente: Ni sol o calor en verano, ni nieve o frío en invierno. Esta foto, aunque parezca de otoño, fue tomada en febrero. ¡Espero que el invierno que viene pueda sacar la misma foto en el mismo sitio con el culete clavado en la nieve!

Thursday, September 18, 2008

El sargento de hierro

Ya os comenté que no tendría muchos ratos libres para escribir esta semana. Pese a todo, no podía dejar de compartir con vosotros esta joya del cine de todos los tiempos. Un tipo duro donde los haya: Clint Eastwood en el sargento de hierro.

Sobran comentarios.



Pongo el vídeo con los diálogos en español porque la he visto tantas veces que se me hace raro en inglés! Tendré que probar...

Impresionante. Hay otros vídeos con más réplicas sacadas de la película pero tampoco quiero abusar. Os dejo que investiguéis por vuestra cuenta...

Sunday, September 14, 2008

Dos fotos y a correr

Tenía que haber escrito más durante este finde cuando tuve tiempo. La semana que viene, que empieza mañana, va a estar muy apretada y no creo que tenga mucha ocasión de publicar nada. Lástima. Ahora se me ha hecho un poco tarde así que me conformo - y por lo tanto os tendréis que conformar también vosotros, mis pequeños saltamontes - con un par de fotos. Y a correr.



Esta primera foto fue tomada en Barcelona hace, no sé, veintipico años. Y sí, soy yo. Para los que dudan: insisto, lo juro por la sombra de Peter Pan, que esa cosita de pelo rizado y mirada pícara soy yo. Os agradecería que os ahorraseis el comentario "¡qué mono eras!" porque llevo mal el contraste con los tiempos verbales y los reales. Por cierto, la foto está cortada - no sé dónde tengo la original, si la tengo - dado que en principio allí salimos los tres hermanos Carrizo. Pero bueno, lo que sí tengo claro es que la próxima vez que vaya a Barcelona me tengo que hacer una foto en eso mismo lugar. Eso sería un contraste de los buenos...



Esta segunda está tomada en León, allá por... 2004? 2005 quizás? En fin, sea de cuando sea, vuelvo a ser yo. Esta vez he perdido la naturalidad de cuando era un crío y salgo en plan "qué guay voy a quedar si me pongo pensativo-duro-serio-profundo". Sea como sea, sí recuerdo bien el paseo que me pegué aquel día con mi padre.

No sé qué habría cambiado si hubiese sabido con antelación que me iba a quedar en Finlandia. Quizá nada, quizá mucho. Sí sé que, pese a que durante la edad del pavo lo único que quería era quedarme en Alicante con los amigotes, a día de hoy echo mucho de menos ir a León y a Normandía. Daría mucho por una Semana Santa en La Virgen del Camino o un verano en Manneville-la-Goupil. Pero bueno, mirada al frente.

Y mirando al frente, os invito a echar un vistazo al blog de Catta para que os hagáis una idea de cómo es la casita de veraneo que nos vamos a comprar de aquí nada. (Ojo: la foto salió torcida por accidente, ¡pero la casa está perfectamente!).

Wednesday, September 10, 2008

El argumento

Mi padre me comenta que la idea de venir a visitarme a Finlandia le ronda la cabeza. Después de dos años parece que realmente le pica la curiosidad y no me suena a farol. Mi madre lo tuvo claro desde que llegué. Incluso cuando era Erasmus me comentaba aquello de "me encantaría ir a Finlandia, tiene que ser la hostia". Bueno, vale, mi madre no lo dijo así pero es que las charlas con ella suelen ser largas y hoy estoy en plan resumir porque me he pegado una jornada de trabajo de once horas: empecé hablando con chinos, luego hablé con europeos y acabé con latinoamericanos. Pero a lo que voy, que igual un día de estos recibo un telefonazo informándome que mis padres se animan y vienen a visitarme.

Claro, uno que trabaja en ventas siempre busca el argumento que acabe de asegurarte que el trato está en el bolsillo. El problema era encontrar ese detonante para que mi padre se abalance sobre el ordenador a sacar un par de billetes.

Pero lo encontré. Lo tengo.

Papá, puedes venir sin problemas: en Finlandia tienen helado de "Dulce de leche".



¿Y lo exótico que queda entre "Glace Maple Walnut" y "Glace Lapponica Lakka"?

Buenas noches.

Tuesday, September 9, 2008

Los clones de Disney

Dios, vaya título para un post, podría ser una película de terror. O también podría ser una de esas teorías que dicen que el Sr. Disney está criogenizado y cualquier día de estos le despiertan para que se vaya al cine a ver una peli de Pixar. Pero no, ni lo uno ni lo otro.

Hace unas semanas publicaba una serie de anuncios de una campaña de Disney que me encantan, hoy publico una cosa que me encontré por la red y que me ha llamado bastante la atención. Mucho ojito a los parecidos entre las escenas seleccionadas.



Igual algunos de vosotros ya sabíais que Disney empleaba esta técnica de reciclado pero yo no tenía ni idea.

En fin, lo dejo aquí que no tengo tiempo para más, quien quiera más debate o opinión al respecto que deje un comentario. ¡Todos los comentarios son bienvenidos!

Monday, September 8, 2008

Moverse por Helsinki con transporte público

Existe una web que te permite de forma rápida, sencilla y fiable planificar cualquier desplazamiento que vayas a hacer en Helsinki. Basta con una dirección de partida, una de destino y una hora de salida o llegada para que el motor de búsqueda te ofrezca diversos resultados. Los resultados te indican el itinerario que seguirás - con mapas y todo - y te dicen paso a paso lo que debes hacer. Es decir, a las 17.04 subes al bus 43 y a las 17.23 te bajas para subirte al tren E que sale a las 17.30. Y como por estos lares los medio de transporte son bochornosamente puntuales, pues mola. Te preparás tus movimientos con la certeza de que nada fallará. Y si fallase algún enlace, bueno, para qué engañarnos, es una putada.

Aquí tenéis un ejemplo de cómo ir desde Pitäjänmäki - donde Cat y yo viviremos a partir de noviembre - hasta casa de dos amiguetes.


Si ampliáis la imagen podréis ver cómo el tema es sencillico. La primera línea te ofrece un trayecto con dos trenes de cercanías y te pone hora de salida y llegada y, muy importante - sobre todo en invierno - cuánta distancia a pie se recorre. El mismo patrón es usado en las dos líneas siguientes. Tú eliges si prefieres ir en bus, en tranvía, en metro o en tren, y tan feliz. Y cuando clicas en una opción te la muestra más detallada.

Ahora bien, ésta era una búsqueda muy facilona con un horario de sálida en pleno día. Pero ¿qué sucede si mis amiguetes han venido a cenar a casa y se les ha hecho tarde? ¿Qué pasa si ya no hay buses normales o trenes? ¿Qué opciones quedan?

Para responder a éstas preguntas - por anticipar lo que seguro nos pasará más de una, dos y tres veces en los próximos meses - me planteé investigar un poquillo. Imaginemos que mis amigos deciden marcharse pasada la una de la mañana...

Básicamente: si salen a la una y veintitrés, no hay problema. Enlazan dos trenes, caminan mil metros y pa la cama. Mil metros son muchos metros a -25ºC y nevando pero bueno, somos jóvenes, ¿no?
Ahora bien, si salen seis minutos más tarde, a la una y veintinueve, chungo: empalmarán dos autobuses y, hecho esto, tendrán que caminar seis kilómetros y pico. No hace falta que os diga si son muchos metros o no. El programa estima el total de la operación en hora y tres cuartos. Un planazo.
Pero ¿qué pasa si uno de ellos tiene que ir al baño y salen a la una y media? ¿Cuánto afecta ese minutos a su vuelta a casa? Bueno, básicamente lo que pasa es que les toca caminar nueve kilómetros. Ni autobús, ni tren, ni tranvía ni leches. A pura suela.


Me encanta que la web te dé como opción irte a patita. Podían haber puesto sólo dos resultados y en la tercera línea poner un "no more service available" o incluso ponerte la primera combinación de la mañana siguiente. Pero no. Son fineses: caminar nueve kilómetros en mitad de una ventisca de invierno es una posibilidad totalmente válida y razonable. Con un par.

Este ejemplo era si nuestros amigos venían a cenar a casa pero ya os digo que el tema es igual o peor si somos Cat y yo los que vamos a su casa... Así que ¡suerte que también hay taxis en Helsinki!

Sunday, September 7, 2008

Nokia en Finlandia

El otro día os contaba la anécdota de un chico de telemarketing que quiso venderme una amoto y se despidió de mí con un "compra Nokia!" cuando le comenté que vivía en Finlandia.
Pero es cierto: Nokia y Finlandia van de la mano.

El E51 es el mío. A mí me importa muy poquito el tema de los teléfonos pero reconozco que éste está bastante chulo. Práctico, fácil de manejar, ligero.

Ayer sábado fuimos a casa de dos amigos, Pernilla y su novio. Nos apuntamos así a la fiesta que celebraban con motivo de su nuevo pisito. Éramos unas quince personas, chavales todos de entre 20 y 30 añitos, y, para variar, yo era el único guiri. Pese a ser ejtranjero hice lo mismo que todos los demás: antes de acomodarme en el sofá dejé mi móvil sobre la mesa. Pa que lo quiero en el bolsillo, llevando vaqueros molesta.

Diez minutos después se me ocurrió que probablemente podría conectarme a internet vía wireless con el móvil. Quería chequear y clicar un par de cosas que tenía pendientes - un abrazo para ti, Maestro - y sabía que si Pernilla y su novio no tenían Internet inalámbrico al que pudiera enchufarme, algún vecino lo haría. Y cuando miré hacia abajo para recoger mi teléfono me encontré con que la mesa estaba literalmente plagada de terminales, todos Nokia. Todos.

Yo a veces tengo dos en mi mochila, el viejo número prepago de cuando era Erasmus y el de cada día, el del trabajo. Ambos terminales son del connecting people clan. Catta, lo mismo. A bote pronto, si pienso en mis amigos y colegas, sólo se me ocurre una persona - Cia - que no tiene Nokia como su primera opción. Incluso Istvan, que es húngaro y prefiere Sony Ericsson, ha cedido y se maneja con la marca patria de estos lares.

Así que nada, un abrazo a todos desde la tierra de Santa Claus... ¡y Nokia!

El de Catta. Es lo que tiene currar para ellos.

Saturday, September 6, 2008

Telesales

Trabajo muchas horas al teléfono y este audio me encanta. ¡Suerte que nunca me ha pasado! Para el chaval que hizo la llamada tuvo que ser un mal rato de cuidado pero hay que reconocer que el tal Tom Mabe lo bordó. Está en inglés pero podéis leer la transcripción al mismo tiempo. Vale la pena.




Yo todavía recuerdo dos llamadas recibidas que me hicieron gracia.

La primera, hace años, de un tipo argentino que trabajaba en el típico servicio de telemarketing para ya.com, jazztel o alguna de estas.
La historia es que seis meses antes en mi casa ya nos habíamos hartado del pésimo servicio de internet que teníamos y habíamos decidido cambiarnos a una de estas empresas más pequeñas que, se suponía, funcionaban mejor, más rápido, con mayor calidad de atención al cliente, etc. Fue un fiasco. Decidimos volver a la empresa original y no volver a mencionar el asunto.
Y en eso que me llama el muchacho este y me comenta que si me quiero pasar a Guaytel - no recuerdo a quién representaba. Tras unos pocos segundos le comento que no, gracias por llamar, pero no nos interesa para nada. Claro que ese tío no era de los que abandona fácilmente una venta. Me preguntó el porqué de mi espontánea negatividad "si ni siquiera te he explicado lo que ofrezco". Te cuento, le digo, "hace unos meses nos cambiamos a una empresa que nos vendió una moto muy muy parecida y cuando llegó, no tenía ni seguro, ni faros y si me apuras, ni ruedas". Pero nada, como buen argentino - esto es un cumplido - el chaval tenía mucha facilidad para hablar y, sobre todo, para hacerlo bien.
Resumiendo:
- Si cambiaste es porque no estabas contento. Luego buscas algo diferente. Y si el cambio falló una vez no significa forzosamente que vaya a volver a pasar. Al contrario, nosotros somos Guaytel y con nosotros puedes tener esto, esto, esto y aquello por sólo equis euros al mes. Una mala experiencia con una empresa más chica no tiene que crucificar a todas las demás. No puedes cerrarte todas las puertas alternativas porque una de ellas no fuese buena. Nunca lograrás nada mejor.
- Te concedo el punto de que no estábamos contentos y buscamos el cambio. Pero entonces me tienes que conceder que tú, personalmente, aquí y ahora, no puedes garantizarme que Guaytel tenga la cobertura que dices que tiene ni que va a ser técnicamente capaz de cumplir su palabra. Y no puedes hacerlo porque no es tu trabajo garantizar que lo vendido al teléfono y sobre el papel cumple con lo que el cliente recibe. Cuando la cosa se joda sabes que no será contigo con quien me las veré sino con un número de atención al cliente desesperante enlazado a un faz que nadie mira. Paso de cambiar otra vez: malo conocido por bueno por conocer. Desde que volvimos Internet va razonablemente bien y punto pelota. Lo siento. Eres majete y en otras circunstancias veríamos pero, macho, el cableado pertenece a quien pertenece, ahora nos va bien y paso de cambios: cuesta un huevo darse de baja, tardas mucho en recibir el material nuevo que igual ni se configura bien con tu ordenador y encima nadie tiene la certeza de que todo esto será para cambiar a mejor.
- O sea que te vas a quedar toda la vida con ellos aunque te toreen. Incluso cuando su servicio vaya mucho peor. Incluso cuando en el mercado hayan decenas de opciones mejores. Vas a guardar un servicio mediocre por pereza al cambio?
- Pereza no, desilusión. Ya me cambié una vez, me habían prometido un paraíso como el del Guaytel y me encontré en una ciénaga. Por cierto, poco faltó para que tuviera que pagar dos facturas dado que mi viejo proveedor me quería cobrar pese a que me di de baja y mi nuevo quería cobrarme por algo que no funcionaba. Qué quieres que te diga, igual en tres años me lo planteo de nuevo. Cuando cicatricen las heridas de la hostia que me pegué por probar una de las 'decenas de opciones mejores'.
- Pero es que nosotros no tenemos nada que ver con esas empresas. Con ninguna de las dos. No puedes ponernos en el mismo saco. Te estás montando tu propio monopolio.
- O sea que ¿vendrás tú a mi casa a instalarlo y me darás tu móvil para que te llame por si se jode el asunto? ¿Tienes el poder de decidir cómo actuar si sale mal? Es decir, entiendo que si hay el más mínimo problema, me garantizas tú personalmente que lo solucionarás y no estaré perdiendo pasta y tiempo.
- Pero ¿por qué iba a salir mal? Vale, mira, olvídate del Guaytel. Déjalo de lado. Pero hablemos de esta situación."
Y así estuvimos un rato. Francamente, fue muy interesante. Los teleoperadores tienen como regla que no pueden pasar más de un cierto número de minutos al teléfono por cliente, especialmente si éste ya empieza diciendo que no. Pero este muchacho se lo pasó todo por el forro y charló conmigo media hora. Él acabó admitiendo que no me podía garantizar con certeza que funcionaría y yo acabé admitiendo que era una lástima quedarse con un servicio mediocre por temor o pereza.
A día de hoy seguimos con quien estábamos si bien, según me informan desde Alicante, no ha habido mayores problemas desde hace mucho.


El siguiente ejemplo es más cortito. Hace unos pocos meses recibí una llamada a mi móvil español. Casualmente estaba en casa y cerquita del terminal así que alcancé a ver quién llamaba. Número desconocido. Fui curioso y descolgué.
Era un chico que representaba a Movistar. Me ofrecía cambiarme a uno de sus planes, de Orange a Movistar, gratis y con varias ventajas. Yo le corté lo más educadamente que pude - ahora gran parte de mis tareas está en ventas y sé que duele que te traten como escoria en llamadas a puerta fría:
- "Mira, te agradezco mucho que te hayas tomado la molestia de llamar pero no me interesa, de verdad.
- Pero ¿por qué? Hazte a la idea que...
- Perdona que te corte pero no me interesa porque estoy en Helsinki, Finlandia, y está llamada me está costando dinero, ¿sabes?
- Ah, joer, Finlandia. Vale, entonces ahora no. ... ¿Y cuándo vuelves?
- No, mira, que no me entiendes. Que yo VIVO EN FINLANDIA desde hace dos años. O sea, que mi número prepago español me importa muy poquito. Gracias por llamar y que tengas un buen día.
- Ah, vives allí. Woah. Ok, claro. Pues nada, gracias a ti y... COMPRA NOKIA!!!"

Tuesday, September 2, 2008

Helsinki - Kokkola

Aquella tarde Cat y yo salimos de casa, mochila al hombro, sonrisa en la cara. Íbamos a Jakobstad a visitar a Martín y Catzo a disfrutar del mar, de la fiesta local y del buen tiempo. Aterrizaríamos en Kokkola - cuatrocientos kilómetros al noroeste del país - y allí Martin nos recogería y llevaría hasta el campo base. El vuelo Helsinki-Kokkola dura una hora. Luego, en dos horas y media estaríamos allí.

Lamento la baja calidad del mapa, no tengo tiempo para más. Al sur, Helsinki; al norte Jakobstad; al oeste Vaasa.

Llegamos al aeropuerto o, para ser más exactos, a la terminal de salidas nacionales. Ninguno de los dos había estado allí antes pero tampoco tiene perdida: es una cajita de zapatos. Lo único es que habíamos reservado los billetes por Internet con una compañía bochornosamente desconocida y no había forma de encontrar el mostrador adecuado para el "chequin". Preguntamos a una muchacha de Finnair y ella nos indicó adónde ir.

No íbamos a facturar nada pero queríamos acercarnos al mostrador para sacar las tarjetas de embarque. Ninguna de las máquinas para sacar la tarjeta de manera automática con el número de la reserva nos eran de ayuda alguna: ni rastro de nuestra compañía.

Llegados al mostrador, una moza muy amable nos toma nota, DNI, tal, sonrisa, ok, venga, puerta de embarque XY y a correr.
- "¿Y la tarjeta de embarque? - pregunto yo.
- No, bueno, arriba, antes de embarcar ya os lo solucionan todo - contesta la muchacha.
Hombre, vale, si tú lo dices... Pero como no me lo solucionen en la puerta de embarque, ya me dirás. Y así nos piramos, yo un poco mosca, a comer algo y a pasar el rato.

Comimos en un restaurante majo con vino tinto - qué queréis, pa dos días que nos vamos a un sitio diferente con avión y todo al menos dejadnos celebrarlo en condiciones - y de allí a las tiendas. Relajadetes.

Luego, una vez sentados en el hall de la dichosa puerta de embarque le comento a Cat que me voy a acercar al mostrador a ver si consigo las tarjetas y a preguntar si todo va bien. Primero, porque me sigue mosqueando que me dejen subir al avión con un cacho de papel cochambroso y segundo, porque hay un ir y venir incesante de gente que le pregunta algo a la zagala responsable del tinglado y se marcha con cara mustia.

- Buenas tardes, viajo con mi novial a Kokkola en este vuelo. ¿El tema de la tarjeta de embarque...?
- OK, un segundo, A ver vuestros nombres..., sí, aquí estáis. Oye, una preguntilla: si el vuelo se llenase, ¿os presentáis voluntarios para el siguiente vuelo a Vaasa, el de las 23.45h y de allí os enlazamos a Kokkola?
- Eh... a ver, ¿me puedes repetir la pregunta? ¿Qué vuelo a Vaasa? Yo voy a Kokkola.
- Si, pero debido a un problema técnico hemos tenido que reagrupar ambos vuelos.

Problema técnico. Ahora lo llaman así. Le digo que no, gracias, que voluntarios ni al rancho, y me marcho con la misma cara mustia que antes me llamó la atención en los demás. Básicamente, en vez de tener dos vuelos, Helsinki-Vaasa y Helsinki-Kokkola, van a poner uno: Helsinki-Vaasa-Kokkola. Con un par. Y lo que es peor, la chica me ha dicho que en este momento, con los datos actualizados al segundo de manera infalible - poniendo cruces a lapiz en la lista de pasajeros - parece que "nos sobran 12 pasajeros". Nos sobran. Ojo. Y ante la pregunta cómo vais a seleccionar quién sube y quién se queda en tierra me contesta que están buscando voluntarios que quieran viajar más tarde y, si no, iran mandando gente al minibus y cuando éste se llene ya veremos. Logística de última generación.

Cat está leyendo. Se la ve relajada y contenta porque, francamente, el finde que nos espera es de ensueño: buen tiempo previsto, dormir en un velero con dos muy buenos amigos, el pueblo entero en fiestas y, sobre todo, escapar por unas horas de Helsinki. ¿Cómo le digo que igual ni subimos al avión?

Las últimas semanas han sido un infierno y necesitamos un respiro. ¿Con qué cara nos vamos a volver a casa si nos falla este vuelo? Porque eso es lo malo: no tenemos margen para el siguiente vuelo: nuestro amigo no vive en Kokkola sino en Jakobstab y no puede esperarnos hasta la 1 de la mañana para ver si, con suerte, algún avión nos lleva hasta allí. Nada, hay que meterse en ese vuelo cueste lo que cueste.

- "Cariño, hay un problema técnico y han juntado los vuelos de Vaasa y Kokkola. Así que el vuelo de una hora ha pasado a ser de dos, con escala en Vaasa incluida. Pero lo peor es que hay demasiada gente para el avión y corremos el riesgo de quedarnos en tierra.
- ¿Y qué hacemos?
- Mira, en cuanto la pava esta se acerque al micrófono para anunciar el embarque, nos metemos allí entre los primeros. A codazos o a hostias, me da igual. Pero tenemos que meternos en el primer bus".

Diez minutos después, la chavala del mostrador se acerca al micrófono y allí que salimos disparados. Funciona. Dos minutos después estamos en el bus. Nos ponemos en el medio, ni en la salida ni en la entrada. Y de aquí no me saca ni la guardia civil.

Pasan los minutos y la gente va llenando el minibús poquito a poco. Me pongo muy nervioso. Cat está tristona por lo que pueda pasar. Dos señoras comentan que "la compañía compensa con 75 Euros a los que cojan el siguiente vuelo o cancelen el viaje". Nos miran. "Y si yo fuese un estudiante me quedaría, siendo tan joven, seguro que me lo puedo pasar genial igualmente con ese dinero", añaden. Me muerdo la lengua, no quiero contestar. No crear polémica. Pasar desapercibido. Pero esos 75 Euros, señora, se los puede usted cobrar en monedas de céntimo y metérselas por el... Suerte que me mordí la lengua. Casi sangro y todo.

Llega una azafata. Mira. Observa. Silencio suyo. Silencio en el minibús. Entonces, tranquila, como si fuese lo más normal del mundo, nos anuncia por megafonía que sigue habiendo gente arriba -pobres desgraciados - y que si hay algún voluntario de última hora sería un detallazo. No se mueve ni Dios. No se respira. La azafata se queda en el bus y repite el mensaje otras dos veces. Yo rezo para que la cifra de gente en ese bus sea la exacta para el avión y no haya que hacer criba. La tía habla por walkie talkie cinco minutos, echando miradas furtivas al bus. Se masca la tragedia. Y al final le hace una seña al conductor, se cierran las puertas y allí que nos llevan ¡rumbo al avión!

Subimos al avión con cuarenta minutos de retraso. Primero aterrizamos en Vaasa y luego en Kokkola - que a esas alturas de la vida yo ya había rebautizado como CocaCola. Martin nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja pese a la demora. Metimos las maletas en el coche y, sólo entonces, al filo de las diez de la noche, comenzó uno de los mejores fines de semana de mi vida.

Como detalle final: cuando nosotros hicimos la primera escala en Vaasa, hubo gente que de hecho subió al avión con destino a Helsinki - y que obviamente tendría que ir primero a Kokkola. Así que supongo que el avión que cubría la ruta Helsinki-Vaasa-Helsinki debió de joderse de mala manera.

A mí plin. Con retraso, pero llegamos. El fin de semana fue increíble y, la vuelta, como la seda.

Unas fotillos...

Martin, nuestro Capitán, en su barco.

Catta y la luz de la tarde

El embarcadero a la caída de la noche

Bodito y herposo

Herposo y bodito

El agua estaba fría al principio pero luego no querías salir por nada del mundo (salvo cerveza).

Una dieta rica rica para compensar la ya citada cerveza...

Cat radiante de camino al pueblo para echarnos unos bailoteos y algún concierto.

La sobrinica de Martin vacilando de moto. Lo cachondo es que esa pedazo moto no es del padre de la criatura - en la foto - sino de la madre de mi amiguete. Mamá, no, ni lo pienses.

¡No iba a faltar la foto del perro! Una monada y con una vitalidad tremenda.

El tax free del aeropuerto de Kokkola. Una cabina de 2 metros cuadrados. Si no le hago una foto reviento.

Por último, el avión de la ida. Helsinki, Vaasa, Kokkola. Mira, al menos puedo decir que he estado en Vaasa. Estuve media hora. Muy bonito, y tal.