Estimados amigos,
Una de las cosas que, con perdón por ser tan franco, más me irrito de los días pasados en Alicante es el absoluto desconocimiento que hay del tema lingüístico en Finlandia. No es que pretenda que un muchacho o muchacha cualquiera que pase por este blog sea capaz de disertar acerca de la cultura de este país escadinavo. No. Yo mismo no tenía ni idea antes de aterrizar por estos lares. Pero sí hay cierta gente muy cercana a mí que, creo yo, ya debería tener las cosas meridianamente claras. No en vano llevo año y medio repitiendo "no, el finés no lo llevo, lo mío es el sueco". Así que vamos allá con un poco de cultura porque, como le enseñé a Cat ayer estudiando español, una vez al año no hace daño.
Finlandia hace tiempo estuvo bajo la corona Sueca. De hecho, Finlandia como tal ni existía ni había existido aun. Había un buen puñado de gente con ideas, lengua, cultura y sentimientos en común pero vaya, que estaban bajo el yugo de Suecia. Ello facilitó que dicha lengua fuera usada a diario, especialmente por la élite y nobleza. Luego, los rusos vinieron a tocar las narices y los suecos se vieron forzados a salir echando leches. Pero como el ruso es una lengua fea y, por lo visto, los tovarich no fueron demasiado majos en su trato con los locales ni cumplieron con sus promesas (cosa que me creo sin demasiados problemas), la lengua nunca llegó a cuajar. De hecho, lo único que cuajó fue el vodka antes de que los fineses, ahora sí unidos, los echaron del país a patadas en el culo. Así, los fineses se independizan el 6 de diciembre de 1917. Como veis, he simplificado bastante.
La cuestión es que el sueco, como lengua, permaneció vigente y usada y fue incluso nombrada lengua oficial del país junto al finés. Voy a repetirlo para que todos entendamos el mensaje y os invito a repetirlo mentalmente una vez leído: el sueco es lengua oficial en Finlandia. Es una lengua minoritaria? No. Es una lengua muy minoritaria: sólo un 6% de la población lo habla. Principalmente se habla en la costa sur, oeste y en las islas Åland que, esto no tenéis por que saberlo, se encuentran a medio camino entre Suecia y Finlandia.
Significa esto que los sueco parlantes en Finlandia son suecos? No. Rotundo no. Ni siquiera tiene por que significar que los antepasados de esa buena gente fueran suecos. Bien podían ser aborígenes que lo aprendieron por placer, imposición, porque los mandamases lo hablaban, porque les hacía gracia cómo sonaba o para ligar con las cajeras del IKEA. Obviamente, habrá quien me diga que si estaban bajo dominio sueco, todos descienden de los suecos a lo cual yo respondo que, obviamente, siguiendo esa regla de tres, todos descendemos de romanos y moros. Y muy bien que me parece. Lo que quiero diferenciar es que hoy en día los sueco parlantes se sienten y son absolutamente finlandeses. Cuando se le pregunta a un finés sueco parlante "ah, pero entonces eres sueco/a?" le hace la misma ilusión que cuando a un uruguayo le preguntan si es argentino, a un francés si es inglés o a un español si es francés. Sí, yo también soy francés, y a mucha honra, pero eso ya lo debatiremos otro día.
Tened en cuenta además que esta buena gente vive en una nación joven. Independientes desde hace menos de un siglo y bastante patriotas, siempre se burlan de su país entre amiguetes pero serán los primeros en defenderlo con uñas y dientes si un guiri u otro nativo lo pone a parir. Finlandia tiene "días oficiales de bandera" (flag day) en el cual ves banderas finesas en todos los mástiles de la ciudad, que no son pocos. No son días festivos, pero son días señalados. Y tienen reglas y leyes estrictas para la bandera y su uso. Tienen su día de la independencia con un gran baile de salón que es el programa más visto del año y adoran a todos los deportistas nacionales que triunfan por el mundo. Qué narices, están bien orgullosos de su sauna, vodka, sisu, renos y nokia. Y de nuevo, muy bien que me parece.
Y los sueco parlantes, que saben que son un pequeño grupo social, tienen que bregar bastante para sobreponerse al triste desprecio que algunos fineses les tienen. No hay nada que les duela más a los miembros de esta minoría que querer a su tierra y su país y sentir que sus propios colegas les dan la espalda y los ningunean. Este desprecio, dicho sea de paso, viene porque los ven como vestigios de una élite caída, o no tan caída, y, básicamente, porque intolerantes los hay en todas partes. Parte del desprecio viene también porque siendo minoría, se han organizado de puta madre para no perder un ápice de su identidad lingüística y tienen muchos apoyos económicos: empresas que fueran fundadas por sueco parlantes que quieren mantener viva la llama, inversores privados y un sistema político que les respeta con un mimo muy razonable. De hecho, desde el punto de vista institucional, para mucha gente allende mares y montañas, ser sueco parlante en Finlandia es pertenecer a la minoría más mimada del planeta. Me explico: tienen un sistema político tan, al menos sobre el papel, equitativo y democrático, que protegen, escuchan y respetan todas las minorías. Qué mejor ejemplo para ilustrar esta mentalidad política tan abierta que recordar que Finlandia fue el segundo país del mundo (después de Kiwiland) en dar a las mujeres el derecho a voto.
Por lo tanto, conclusión, ya en el plano personal: Catta es finesa 100%. Pero su lengua materna es el sueco. Sus padres son fineses 100%. Si les llamas suecos te mirarán con cara rara. Mis amigos, en su gran mayoría, son sueco parlantes. La lengua que mejor controlo es el sueco. Y vivo en Helsinki, Finlandia.
Y alguien dirá: pero no es paradójico que precisamente ellos, que hablan sueco, odien Suecia? No hablan esa misma lengua como legado? Sí, lo hacen. Pero ya han derivado en su propio dialecto, están bien orgullosos de hablar una lengua que se emplea en toda Escandinavia habiendo logrado la independencia de su país. Y, además... no está en la naturaleza humana, si es que algo así existe, el odiar al país vecino? Bueno, no, hay excepciones. Hay países vecinos que no se odian: los españoles no odian a Portugal. Simplemente, lo ignoran...
Pensad en ello, aprended, sacad conclusiones. Haced lo que queráis. Pero por amor de Crístofer, ahorraos problemas, no le preguntéis a un finés si es sueco, hable lo que hable!
Salu2!
Monday, January 28, 2008
Saturday, January 26, 2008
Conociendo al vecindario
Sábado por la mañana. Recién salido de la ducha oigo que llaman al timbre. Extremadamente sorprendido, me enrosco en una toalla y me dirijo chorreando agua e incertidumbre hacia la puerta. El efecto sorpresa es porque para acceder hasta mi rellano uno debe superar una puerta con un código de cuatro dígitos que, por motivos de seguridad nacional, no puedo revelar en este blog, y una puerta sin telefonillo ni ningún otro método de apertura que la conocida como "puta llave". Por lo tanto, si alguien llama al timbre, es alguien de dentro. Es algún ente de los que habitan el edificio. Podría darse el caso de que un amiguete estuviera de paso y quisiera saludar? Sí, podría. Pero es muy poco probable dado que mis amiguetes tienen cosas mejores que hacer un sábado por la mañana y que sería mucha casualidad que se cruzaran con un vecino que les abriera las puertas. Yo me he cruzado con dos en 2 meses.
Quién será? Por qué llamará? Por qué me hago tantas preguntas y le doy tantas vueltas a la toalla uy cuidado no sea que moje a la persona que está al otro lado? Por qué no abrir en pelotas hablando en español para crear una primera impresión inolvidable? Me estaré volviendo finés. En dos meses viviendo en Mäkelänkatu no he tenido los santos cataplines de ir a saludar a los vecinos de piso (tocamos a dos hogares por planta). No sé si son rubios, morenos, altos, bajos, majos, yonquis. Igual son principes herederos de la corona chiquitistaní y nos podrían invitar a fiestas caras y champán. O igual son belgas.
La cuestión es que incluso los fineses te reconocen que está en su personalidad: no se sienten cómodos con la idea de ir a ver al vecino "hola que tal, acabamos de mudarnos, aquí tienen unas madalenas". No. Son más bien del tipo "anda y corre Mikko que creo que esos son nuestros vecinos, que sofocón como nos toque interactuar socialmente con ellos". Vale, exagero. Pero por ahí van los tiros.
Y el hecho es que a mí me tendría que dar igual. Yo tenía que haberme plantado en su puerta en diciembre un día y mire buenas, me llamo tal, vivo aquí al lado con esta muchacha que no es que se haya quemado en la playa, idiota, es que le da vergüenza estar aquí haciendo el paripé. Y lo de idiota es porque no sé si se ha percatado que llevamos un mes sin ver el sol, que está esto más oscuro que las memorias de Kunta Kinte. Pero no lo hice. Me dejé llevar por un "bueno, total, mientras no montemos follón y ellos no se quejen, vivamos en paz y armonía".
Todo lo escrito anteriormente es lo que pienso a velocidad vertiginosa mientras recorro los siete pasos que separan la ducha de la puerta. Primero: pienso muy rápido. Segundo: sí, siete pasos de la ducha a la puerta, es un piso de cuarenta metros cuadrados, qué queréis? Abro la puerta interior, que se abre hacia adentro y cuya función principal es incomodar mucho la salida del piso (si bien gente finesa afirma que es para cortar el frío y los ruidos) y, por fin, abro la segunda y me encuentro cara a cara con una señora de cincuenta y cinco años (a ojo), que casi sufre un ataque de pánico al verme chorreando vistiendo sólo una toalla. Si es que hacerle esto a una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo otra vez, que para eso tengo dos) es pasarse cuatro pueblos.
Lo primero que me dice es "anteeksi", es decir, "disculpe". Yo, que soy un caballero le contesto: "no no, no problem. Anteeksi, mina en puhu suomea, puhuuko englantia?" O lo que es el lo mismo, "no no, no hay problema (creo que hasta aquí llegabais por vosotros mismos), disculpe, no hablo finés, habla inglés?" Y sí, lo habla. Y con total naturalidad va y me suelta:
- "Simplemente quería saber si todo va bien."
Olé tu salero. O sea o no hablas con el vecino en cinco años y no tienes la más remota idea de cómo es o le jodes la ducha para preguntar si todo va bien. Yo me quedo patidifuso. Sí sí, esa es la palabra. Patidifuso. No entiendo está situación. Estoy más confuso que Ronaldo con el crucigrama "grandes éxitos de la literatura francesa del siglo XIX".
No han pasado más que dos segundos desde que me preguntara pero me parecen minutos, horas. Algo le tendré que contestar a la señora esta. Me estrujo la sesera. Qué hemos hecho Cat y yo o qué no hemos hecho para que la vecina se trague lustros de cultura finlandesa y llame a nuestra puerta? Ruido? Humo? Albergar cuarenta indocumentados? La marihuana del sotano? Me fastidia admitirlo pero una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo, que me quedaba uno por usar) me acaba de dejar en blanco, en mi propia casa, mojado y sólo ataviado con una toalla. Os habéis dado cuenta? "Ataviado". Si es que cuando me pongo serio no hay quien me pare. Reconozco que es un uso discutible de la palabra pero bueno, licencias que me tomo.
Y contesto a la señora:
- "Well, yes, everything fine, thank you. Why?"
Triste y sosa respuesta donde las haya. Pero ahora, con la réplica de la vecina, es cuando se hace la luz. Lo pongo ya traducido porque soy así de majo.
- "No, bueno, lo pregunto más que nada porque como tenéis las llaves metidas en la cerradura y colgando de la puerta desde esta mañana, simplemente quería saber si era premeditado."
Tras escuchar y asimilar cada palabra (incluido "premeditado" aunque creo que eso es otra licencia porque la señora en inglés a tanto no llega) no me queda más opción que, sin mover los pies, asomar la cabeza y mirar el reverso de la puerta. Y allí están. Mis llaves, el juego entero de llaves y llaveros, que no es poca cosa, cuelgan felices de la cerradura. La mano que no sujeta la toalla se encarga de recuperar todo el equipo mientras yo, con la típica cara de "como puedo ser tan gañán" le digo a la señora de cincuenta años (me faltan ojos, ya no atino) algo como "no señora, no es algo normal que nos dejemos las llaves por fuera. Muchas gracias por avisar".
- "Bueno, es que como han estado desde esta mañana he pensado que igual alguien las podía coger. Pero no estaba segura".
Qué más le puedo decir aparte de muchas gracias. Podría intentar ironizar con la idea de que Finlandia siendo un país tan seguro nos sale más a cuenta dejarnos las llaves por fuera para estar seguros de nunca tener que llamar al cerrajero. Pero mira, te han pillado con una toalla, mojado, y quedando como un capullo así que déjate de historias y sé cortés: con el clásico "de nada" seguido de "que tenga un buen día" nos despedimos. Ella a seguir con sus tareas de sábado por la mañana y yo a seguir secándome antes de que se me queden las pelotillas heladas, a ver si os creéis que hace calor en el rellano.
Para aquellos más curiosos: la víspera tuvimos cena y fiesta karaoke en casa de Cia y Nalle. Singstar, pizzas, ponche, vodka, vodka, vodka... Todo sea por desafinar sin morir de vergüenza. Volvimos a casa a las dos, obviamente, más que tocados. Yo tenía ambas manos ocupadas con un plato grande de cerámica con el que llevamos tapitas de salmón a la fiesta. Le pedí a Cat que cogiera mis llaves y abriera ella.
No sé en qué momento dejamos de entendernos. Si sé que ella abrió la puerta y, por lo visto, contó conmigo para que recuperara las susodichas. Y allí quedaron, colgadas, acojonando al personal de Mäkelänkatu.
Sigo al pie del cañón. Gracias a todos por hacer de los días en Alicante unas vacaciones preciosas. Pese a lo que pudiera parecer, la vuelta a Helsinki no fue dura: me gusta mi vida aquí. Soy feliz. Las cosas claras. Pero, evidentemente, pasar dos semanas en casita, con mi buena gente, vino, embutido, quesos y sol fue mucho más que gratificante.
Os quiero!
Fotos de Navidades...
Cat y yo en el ático de mi casa.

El trompetista del Parc Güell
Cat y BCN
Quién será? Por qué llamará? Por qué me hago tantas preguntas y le doy tantas vueltas a la toalla uy cuidado no sea que moje a la persona que está al otro lado? Por qué no abrir en pelotas hablando en español para crear una primera impresión inolvidable? Me estaré volviendo finés. En dos meses viviendo en Mäkelänkatu no he tenido los santos cataplines de ir a saludar a los vecinos de piso (tocamos a dos hogares por planta). No sé si son rubios, morenos, altos, bajos, majos, yonquis. Igual son principes herederos de la corona chiquitistaní y nos podrían invitar a fiestas caras y champán. O igual son belgas.
La cuestión es que incluso los fineses te reconocen que está en su personalidad: no se sienten cómodos con la idea de ir a ver al vecino "hola que tal, acabamos de mudarnos, aquí tienen unas madalenas". No. Son más bien del tipo "anda y corre Mikko que creo que esos son nuestros vecinos, que sofocón como nos toque interactuar socialmente con ellos". Vale, exagero. Pero por ahí van los tiros.
Y el hecho es que a mí me tendría que dar igual. Yo tenía que haberme plantado en su puerta en diciembre un día y mire buenas, me llamo tal, vivo aquí al lado con esta muchacha que no es que se haya quemado en la playa, idiota, es que le da vergüenza estar aquí haciendo el paripé. Y lo de idiota es porque no sé si se ha percatado que llevamos un mes sin ver el sol, que está esto más oscuro que las memorias de Kunta Kinte. Pero no lo hice. Me dejé llevar por un "bueno, total, mientras no montemos follón y ellos no se quejen, vivamos en paz y armonía".
Todo lo escrito anteriormente es lo que pienso a velocidad vertiginosa mientras recorro los siete pasos que separan la ducha de la puerta. Primero: pienso muy rápido. Segundo: sí, siete pasos de la ducha a la puerta, es un piso de cuarenta metros cuadrados, qué queréis? Abro la puerta interior, que se abre hacia adentro y cuya función principal es incomodar mucho la salida del piso (si bien gente finesa afirma que es para cortar el frío y los ruidos) y, por fin, abro la segunda y me encuentro cara a cara con una señora de cincuenta y cinco años (a ojo), que casi sufre un ataque de pánico al verme chorreando vistiendo sólo una toalla. Si es que hacerle esto a una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo otra vez, que para eso tengo dos) es pasarse cuatro pueblos.
Lo primero que me dice es "anteeksi", es decir, "disculpe". Yo, que soy un caballero le contesto: "no no, no problem. Anteeksi, mina en puhu suomea, puhuuko englantia?" O lo que es el lo mismo, "no no, no hay problema (creo que hasta aquí llegabais por vosotros mismos), disculpe, no hablo finés, habla inglés?" Y sí, lo habla. Y con total naturalidad va y me suelta:
- "Simplemente quería saber si todo va bien."
Olé tu salero. O sea o no hablas con el vecino en cinco años y no tienes la más remota idea de cómo es o le jodes la ducha para preguntar si todo va bien. Yo me quedo patidifuso. Sí sí, esa es la palabra. Patidifuso. No entiendo está situación. Estoy más confuso que Ronaldo con el crucigrama "grandes éxitos de la literatura francesa del siglo XIX".
No han pasado más que dos segundos desde que me preguntara pero me parecen minutos, horas. Algo le tendré que contestar a la señora esta. Me estrujo la sesera. Qué hemos hecho Cat y yo o qué no hemos hecho para que la vecina se trague lustros de cultura finlandesa y llame a nuestra puerta? Ruido? Humo? Albergar cuarenta indocumentados? La marihuana del sotano? Me fastidia admitirlo pero una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo, que me quedaba uno por usar) me acaba de dejar en blanco, en mi propia casa, mojado y sólo ataviado con una toalla. Os habéis dado cuenta? "Ataviado". Si es que cuando me pongo serio no hay quien me pare. Reconozco que es un uso discutible de la palabra pero bueno, licencias que me tomo.
Y contesto a la señora:
- "Well, yes, everything fine, thank you. Why?"
Triste y sosa respuesta donde las haya. Pero ahora, con la réplica de la vecina, es cuando se hace la luz. Lo pongo ya traducido porque soy así de majo.
- "No, bueno, lo pregunto más que nada porque como tenéis las llaves metidas en la cerradura y colgando de la puerta desde esta mañana, simplemente quería saber si era premeditado."
Tras escuchar y asimilar cada palabra (incluido "premeditado" aunque creo que eso es otra licencia porque la señora en inglés a tanto no llega) no me queda más opción que, sin mover los pies, asomar la cabeza y mirar el reverso de la puerta. Y allí están. Mis llaves, el juego entero de llaves y llaveros, que no es poca cosa, cuelgan felices de la cerradura. La mano que no sujeta la toalla se encarga de recuperar todo el equipo mientras yo, con la típica cara de "como puedo ser tan gañán" le digo a la señora de cincuenta años (me faltan ojos, ya no atino) algo como "no señora, no es algo normal que nos dejemos las llaves por fuera. Muchas gracias por avisar".
- "Bueno, es que como han estado desde esta mañana he pensado que igual alguien las podía coger. Pero no estaba segura".
Qué más le puedo decir aparte de muchas gracias. Podría intentar ironizar con la idea de que Finlandia siendo un país tan seguro nos sale más a cuenta dejarnos las llaves por fuera para estar seguros de nunca tener que llamar al cerrajero. Pero mira, te han pillado con una toalla, mojado, y quedando como un capullo así que déjate de historias y sé cortés: con el clásico "de nada" seguido de "que tenga un buen día" nos despedimos. Ella a seguir con sus tareas de sábado por la mañana y yo a seguir secándome antes de que se me queden las pelotillas heladas, a ver si os creéis que hace calor en el rellano.
Para aquellos más curiosos: la víspera tuvimos cena y fiesta karaoke en casa de Cia y Nalle. Singstar, pizzas, ponche, vodka, vodka, vodka... Todo sea por desafinar sin morir de vergüenza. Volvimos a casa a las dos, obviamente, más que tocados. Yo tenía ambas manos ocupadas con un plato grande de cerámica con el que llevamos tapitas de salmón a la fiesta. Le pedí a Cat que cogiera mis llaves y abriera ella.
No sé en qué momento dejamos de entendernos. Si sé que ella abrió la puerta y, por lo visto, contó conmigo para que recuperara las susodichas. Y allí quedaron, colgadas, acojonando al personal de Mäkelänkatu.
Sigo al pie del cañón. Gracias a todos por hacer de los días en Alicante unas vacaciones preciosas. Pese a lo que pudiera parecer, la vuelta a Helsinki no fue dura: me gusta mi vida aquí. Soy feliz. Las cosas claras. Pero, evidentemente, pasar dos semanas en casita, con mi buena gente, vino, embutido, quesos y sol fue mucho más que gratificante.
Os quiero!
Fotos de Navidades...
Cat y yo en el ático de mi casa.
El trompetista del Parc Güell
Cat y BCN
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