Monday, August 25, 2008

Soplar dos velas o soplarse dos botellas

Resulta que la noche de viernes a sábado se cumplieron dos años de mi llegada a Finlandia. Dos añitos, dos añazos. Lo celebré semicomedidamente durante el fin de semana con Catarina y otros amiguetes. Semicomedidamente significa que no organicé una fiesta con ese pretexto pero que eso no me impidió irme de bares viernes y sábado. Es decir que como bien reza el título - pongo reza porque queda culto pero ya me diréis qué narices tiene que ver el rezar con beberse unas litros de cerveza - elegí la buena compañía con unas jarras de cerveza rubia y un par de Guiness para celebrarlo.

Veinticuatro meses en tierra suomi... Da vértigo pensar en todo lo que me ha pasado. Quienes me leéis asiduamente - una risa socarrona se me escapa con la idea de que alguien me lea asiduamente - ya sabéis lo que he vivido en los últimos tiempos. Ha sido increíble pasar de ser un Erasmus soltero vago y despreocupado de todo, sin presión alguna que no fuese otra que mejorar mi inglés y no pasarme con los gastos ha ser un currante totalmente desentendido de la vida estudiantil, emparejado y muy felizmente, responsable de todo lo que se supone que uno es responsable "cuando se hace mayor" - expresión que alguien empleó conmigo hace un tiempo para chincharme. Hay que joderse.

Soy feliz con Catta y sigo viendo muchas cosas en este país que me fascinan y me invitan a quedarme. Es diferente, sí, pero tiene algo que hace que añorar España se me haga complicado. Echo de menos a mis compañeros de batallas, a mis familiares - incluso a mi hermana, qué cosas - al embutido, al queso, al vino y al sol. Vale. Pero la balanza sigue cayendo del lado finés. Hay tiempo para volver y, quién sabe, quizá haya planes para ello a medio plazo...

Dos años en Finlandia. Con un par.




Y ahora, unos fotos pa que mi mamá se alegre ya que, por lo visto, "podría poner fotos más a menudo que pa lo poco que te vemos en persona...". Dado que yo tenía en mente con antelación que se acercaba este aniversario, tuve tiempo de preparar una selección de fotos siguiendo el siguiente criterio: Ninguno. Son fotos que acabo de escoger, a última hora, a prisas, mal. Como siempre. Buen rollo.
Eso sí, todas tienen su historia...


Esta es una foto que me encanta. Los cuatro que vinimos juntos de Alicante en un parque de Helsinki disfrutando del otoño. Calculo que será de octubre 2006.


No sé qué estaría diciendo para haber salido con esa cara de lelo, pero lo mejor es la cara que se les queda a Ninnu y Hanna, dos muy buenas amigas mías. Y de fondo se ve a Christian, Erasmus austriaco con un parecido muy razonable con la idea típica que tenemos del mismísimo Jesucristo - y con lo que fuma Christian os digo yo que sus pregones podrían ser la host... no. Basta de blasfemia.


Mi buen amigo Daví es del Betis-manque-pierda y tuvo el detallazo de regalarme una camiseta de su equipo poco antes de marcharme. Lo mínimo que podía hacer era echarme una foto en el círculo polar ártico - no se aprecia pero estoy literalmente pisando dicho círculo - vestido solamente con esa zamarra. No, no seáis idiotas: vestido en la parte de arriba. En la de abajo llevaba mis vaqueros porque si no, a esa temperatura se me cae la makkara al suelo. Foto de noviembre 2006.


Os presento a la tropa de Erasmus Arcada Polytechnic Otoño Invierno 2006/2007. Somos recordados en dicha universidad como uno de los mejores grupos. Qué cojones, como el mejor. Fuimos una piña y lo pasamos en grande. Como no puedo presentaros a todo diré que a mi derecha está Philip, gran amiguete alemán y a mi izquierda Laura, una muy buena amiga de la siutat condal. Foto dieciembre 2006.



Este mini-montaje nos lo hizo Andreas, en primer plano, para Jean Baptiste y para mí en el duro momento de la despedida. Vivimos en el piso A73 y fue la mejor convivencia que uno pudiera desear. No me pongo a describirlo porque me pongo nostálgico y tristón... Foto: enero 2007.



Esta ya es todo un clásico y me encanta: Vappu 2007, es decir, mayo 2007. Si no sabéis qué es Vappu, investigad.



Esta la tenemos incluso enmarcada. Catta clavándome un besazo en Werket, bar que no es que rozase la legalidad sino que se meaba en ella. Obviamente yo nunca tuve conocimiento de ello hasta que lo cerraron... Calculo que es primavera 2007, vaya usted a saber.



Otro besote, éste antes de ir a una de estas cenas de gala que los estudiantes se montan por estos lares. A diferencia de las cenas en La Traviata de Alicante - ya sabéis que odio la Traviata y el Coliseo, aquí se visten de etiqueta, se lo toman muy en serio pero las cenas son el despiporre: cánticos, brindis, muchísimo alcohol, entrega de premios, discursos, chistes... Impresionante. Marzo 2007.



Tiene cojones: la única foto que tengo con los cuatro tíos con los que comparí piso mientras fui Erasmus y salgo mirando a Irún por culpa de un críomierda que casi se nos cuela en el plano. De izquierda a derecha: Andreas, austriaco, muy buen tío, otoño; Viktor, húngaro, tipo peculiar, primavera; yo pispo, hispano francés, bellísima persona, año entero; Jean Baptiste, francés, de mis mejores amigos, otoño; William, canadiense, ser humano sin más, primavera. Coincidieron en febrero, Will y Viktor llegando un par de días antes de hora y JB y Andy a punto de marcharse. Pues lo dicho: febrero 2007.



Paúl tuvo la feliz idea de escaparse de Valencia durante las fallas para venir a visitarme. Volvió a España con el eslogan "el mejor viaje de mi vida". Claro que al año siguiente se fue a Punta Cana y ahora vamos segundos. Qué se le va a hacer. El día de la foto cayó una de las nevadas más bestias de aquel año. Obviamente Paúl y yo habíamos salido con la idea de dar una larga vuelta y nos pilló cuando estábamos a tomar por culo. También hay un par de vídeos de aquel día: vídeo y vídeo. La fecha, en la propia foto: 18 de marzo 07.

El día anterior - esto demuestra que ni me he molestado en ponerlas en orden - fue St. Patricks day, patrón irlandés, y Cat, Paúl y yo nos sumamos a la fiesta. Un par de bares en la ciudad se lo toman siempre muy en serio y montan un desfile y regalan gorros y, bueno, eso, que te lo pasas bien. 17 de marzo 07.




Durante el crucero a Estocolmo que hicimos con Cía y Nalle. El día que me presentaron a la madre de Cía esta me dijo, para romper el hielo y en finés: "Un placer, eres el hermano de Nalle, no? Porque tenéis la misma nariz". La sacaron del error y nos echamos unas risas. Desde entonces llamó a Nalle "Broda", versión macarra-estúpida de "brother".



Pablo y Helena estuvieron cinco o seis meses en Finlandia. Pablo, al igual que Paúl es un amigo de la infancia con el que he pasado un número de horas haciendo trastadas que da vértigo. Es todo un jugón. La cuestión es que mientras estaban aquí la selección española vino a Finlandia a jugar un soporífero amistoso. El partido fue un tostón pero nosotros lo pasamos en grande. La frase que elegimos para la sábana es: "Mamá, envía un cocido que hace mucho frío". Algo así como noviembre 2007.



Cuando vas bien abrigadete es todo un gustazo pasear en Finlandia... Febrero 2008.




Martín fue mi vecino en Majstranden (el ya citado piso A73) durante un año. Es un crack. Un gran amigo al que fuimos a visitar durante el verano al noroeste del país. El capitán.
Foto, Abril 08.


Julio 2008, la tropa de Liljendal emprende la aventura de ir en bici hasta Loviisa. Son quince kilómetros y la idea está en parar cada dos o tres para beber cerveza. Deporte en estado puro. No es de extrañar que la foto salga movida...


¡Un abrazo a todos los que hayáis llegado hasta aquí!

Thursday, August 21, 2008

¿Buscas bronca?

Hace dos fin de semanas Catta, su hermana y un servidor fuimos al zoo de Helsinki a pasar parte del día, ver animalicos y, de paso, saludar a la prima de mi muchacha que trabaja allí y que es muy maja. Es decir, la chica es maja de por sí pero cuando encima te cuela y te ahorras unos euricos pues te cae incluso mejor. Qué le vamos a hacer si la pela es la pela y yo nací en Barselona, ciutat molt bonica y tal.
Bueno, mejor voy al grano porque no me quiero alargar. Estoy a punto de salir hacia el centro para pasar una "noche artística": hoy hay conciertos y diversas actuaciones en varios puntos de la ciudad, todo con trasfondo cultural e intercultural. Incluidos en el pack géneros como salsa y reguetón. No, no sé si se escribe así y no me importa un puto carajo.

Al grano, como decía. Caminábamos por el zoológico - palabra que tiene que molar bastante hacer en el scrabble - cuando vimos un pajarraco por ahí suelto, a su aire, en medio del camino. A su bola. Y no era una gaviota, pato o cisne, que esos te los podrías encontrar en un parque y los reconozco. No. Era un pajarraco raro. Como veis, el hecho de ir al zoo, con el trasfondo didáctico que conlleva, me ayudó mucho a mejorar en mi conocimiento de las especies animales: pájaro, pez, gato grande. Y no me saquéis de allí.

- "Oye Catta, este bicho como se habrá escapado, ¿no?
- Pues... no sé. Tiene una chapita identificativa en una pata.

La prima de Cat no estaba con nosotros por aquel entonces. Nos había dejado una hora antes para volver a su puesto de trabajo. Pero, por suerte, íbamos precisamente a pasar por delante de su puestecico - de venta de entradas e información - con sólo caminar doscientos metros. Así que pensé que sería buena idea echarle una fotico al ave - me pongo literario - en cuestión para mostrársela luego a la muchacha. Y si el bicho - se acabó la literatura - se ha escapado, se le atrapa y se le manda de vuelta a su jaula. Y listos.

Claro, esto desde el punto de vista de los que trabajan en el zoo es un detalle. Es echarles una mano. Es asegurarte de que no se les ha escapado un bicho más espabilado que la media y de paso es garantizar la seguridad del parque. Toma ya.
Pero, ojo, esto mismo, lo de la foto y preguntar a la prima, desde el punto del pájaro es un chivatazo en toda regla. Y tú eres un chivato asqueroso, sucio y rastrero que merece que le caguen encima todas las bandadas de cigüeñas, patos e incluso gorriones que pasen cerca. Por cabrón. Y una cagada de cigüeña ya os digo yo que igual te disloca un hombro. Sobre todo si comió arroz la víspera. ¿Comen arroz las cigüeñas? Bueno, basta, me estoy perdiendo.

La cuestión es que el tema de pasar por un chivato probablemente explique que cuando me acerqué para sacarle una foto al presunto prófugo, el muy animal se me pusiera un poco chulo.



Al final resulta que no se había escapado. Resulta que es un puto pájaro común. Pos vale. No me suena habérmelo cruzado en dos años que llevó en Helsinki. Ni a él ni a sus primos. Pero bueno. Si lo dice el zoo, me lo creo. Pero, para más inri, resulta que tanto él como su primo tienen una bien merecida fama de despiadados ataca-turistas. Según parece cuando se cabrean pueden llegar a ponerse algo agresivos. Y se cabrean fácilmente. Claro, ahora veo la foto con otros ojos. Yo jugándome la vida por el bien del zoo, y sin saberlo. Hay que jorobarse.
Para cerrar, os dejo con la intriga de que me digáis qué raza de pájaro es. Más que nada porque no lo sé. Me lo dijeros y se me olvidó. Dejádmelo escrito en comentarios y podréis ganar algo. Ya veremos qué. Igual es un abrazo o una botella de vino.

La vaca que ríe

Mira que estaba acostumbrado desde siempre al nombre en francés, "La vache qui rit". Evidentemente, también en español, "La vaca que ríe" o, según Ibáñez en algún Mortadelo y Filemón, "La vaca que se pitorrea".

Y no sé por qué me hizo tanta gracia verlo en inglés. De veras, no sé, es que me suena a cachondeo. A parodia. Pero allí está, "The laughing cow"!
Las fotos las tomamos en un supermercado en Saaremaa, Estonia. Me pregunto cómo se dirá vaca que ríe en Estonio...


Lo curioso es que venden ambas versiones: en francés y en inglés.


Yo, feliz con las vacas que ríen.


Bueno, tras el gran esfuerzo intelectual que ha supuesto escribir este post, lo dejo. Estoy agotado...

Tuesday, August 19, 2008

Por la boca muere el pez....

Ayer me preguntaban desde Ejpaña cómo está el tema de encontrar piso de alquiler en Finlandia. Yo, seguro de mí mismo, contesté que "no conozco a nadie a quien le haya costado más de seis u ocho semanas encontrar un sitio donde caer muerto - después de una excesiva ingesta de Vodka - a un precio razonable".

Normalmente cuando eres estudiante es la propia universidad la que te busca el piso y te organiza el asunto. Luego el sitio te puede gustar o no, pero no tienes que andar haciendo lo típico de dormir una semana en un hostal hasta encontrar alojamiento. Te lo ponen en bandeja.
Y si no eres estudiante basta que te metas en un par de páginas web y que tengas un ojo puesto en la prensa y, en principio, algo caerá a los pocos días o semanas. Eso es lo que pensaba ayer a las tres de la tarde, cuando todo iba bien. Y, como reza el título, por la boca muere el pez.

A las seis y media me llamó Cat visiblemente triste. Nos ha llamado la casera, dijo. Tenemos que buscar otro piso porque ella necesita el que tenemos, añadió. Juré en voz alta, tanto por el hecho en sí como por notar a Cat tan deprimida. Me toca las narices ver a mi muchacha de bajón.

Pero mira, ahora veremos si es tan fácil encontrar piso. Tenemos entre uno y tres meses para mudarnos. Ojo, encontrar un piso es muy fácil. En una semana está hecho. Pero no estoy yo aquí currando como un capullo para acabar viviendo en un sitio que no me gusta. No me sale de los cojines mudarme donde sea debido a las prisas. No. Ambos queremos un piso como el que tenemos ahora. O sea algo a un precio asequible, con un tamaño nunca menor a lo que ya tenemos, en una zona que nos permita ir a trabajar - especialmente a ella que es la más estable - sin coger cuarenta buses y tranvías e incluso a ser posible con sauna cerca.

Perderemos el VideoClub, la tienda adorable llamada Amppeli, los cuatro supermercados a menos de cinco minutos, el Quiosco, los tres tranvías e infinidad de autobuses, el Metro, los Kebap, Subway y Pizzería - ya conocíamos a los dependientes de los tres -, correos y qué sé yo, hay más cosas. Sin contar que nuestro piso ya era nuestro hogar, nos gustaba y ni siquiera habremos tenido la oportunidad de quedarnos un año.

La casera no ha dado un motivo claro. Ha dicho que necesita el piso. Bueno, pues cuando firmemos el papelajo para recuperar la fianza yo le diré que necesito cagarme en su estirpe. Así, de amigos. Porque a no ser que tenga un buen motivo es una tocada de cojones. Todavía recuerdo cuando me preguntaba con insistencia si me iba a quedar en Finlandia o no para tomar la decisión de darnos el piso "porque, hombre, me gustaría tenerlo alquilado con la certeza de que os quedáis unos años". Hijaputa.

Y tendremos que ir al padrón, avisar a correos y a la madre que los parió, incluso igual tengo que avisar a la embajada de que me mudo. Y organizar la mudanza, colocar los muebles... Dios mío, me canso de pensarlo.

Pero venga, seamos positivos: estoy seguro de que encontraremos un sitio chulo, "barato", bien localizado y que la mudanza y todo lo demás irá como la seda. Al menos, haré todo lo posible por que así sea.

Friday, August 15, 2008

La distancia existe

- "Por muy lejos que me vaya, siempre estarás conmigo, siempre te llevaré en el corazón. Te quiero.
- Vale, lo que tú digas. Pero cuanto más lejos te vayas más complicado lo tenemos para irnos de cañas juntos. Y es quién carajo te mandar aceptar un puesto en Lesotho..."


No no engañemos, la distancia existe. Es algo intangible pero pesa como una losa. Y las losas son muy tangibles, ya os lo digo yo.

Ejemplo de losa - fea, por cierto - para que veáis que es tángible.

A veces me invento historias, frases bonitas, me amparo en recuerdos, me hago adicto al móvil, al correo, al facebook, vaya, me aferro a todo con tal de no admitir que me he ido lejos. Lejos. Muy lejos.

Y lo puedo intentar disfrazar como quiera pero los días que me levanto con la sonrisa torcida o, directamente, de mala hostia - como hoy - pues dejo de ver escalas de grises y lo veo todo con una perspectiva más sencilla: no me iré de cañas con Jorge hasta Dios sabe cuándo. Y punto. Y le puedo mandar cuarenta correos - cosa que no voy a hacer porque soy un vago irresponsable para estas cosas - o llamarle setenta veces al mes - cosa que podría hacer porque no pago yo la factura - pero no es lo mismo. Que te olvides de las barbacoas playeras, de darle una colleja a Paúl o de pedirle a Mario que eche el humo pa otra parte, me digo. Que no. Que te pongas como te pongas, tres mil kilómetros os separan. Es entonces cuando siento en el pecho tres millones de punzadas. Sí, he dicho tres millones. No, no es que sea manchego, es que tres mil kilómetros son tres millones de metros, majos. Una punzada por kilómetro.

Pero alto, espera. Para, calma. Respira. Piensa. Deja tu mala leche de lado. Olvídate de tus preocupaciones, tómate un par de minutos. Escucha al silencio, busca en tu cabecita: ¿estás seguro de que estás triste?


Momento "pausa" para no dejarse llevar por cabreo o tristeza pasajeros


Ahora lo veo más claro. Tengo amigos en Finlandia. Muy buena gente. Me ayudan, confían en mí, nos reímos juntos. Lealtad, coraje, ánimo. Felicidad, respeto. En definitiva, amistad. Pero cómo explicarle a Jorge que pese a que la distancia es real y que un puñado de losas se acomodan sobre nuestros hombros cada vez que pensamos en el otro, ¿cómo explicarle que nada ha cambiado? Eso: que nada ha cambiado.

Nos nos vamos de cañas juntos. No jugamos al fútbol. No hacemos barbacoas. No comemos pipas. No pasamos tardes en el Toys'r us - no preguntéis -, no bajamos rodando de Benacantil, no tenemos charlas tirados en la playa, no vemos pasar la vida mirando el mismo mar. Sea.

Pero la lealtad por el otro, las ganas de infundir coraje, la capacidad de transmitir ánimo, la felicidad por los logros ajenos, el respeto por nuestro pasado en común, en definitiva, su amistad ya forma parte de mí.

Cuando decides entregar tu amistad - no, no me estoy poniendo blando, no me toquéis las pelotas, dejadme escribir - estás aceptando de manera tácita una responsabilidad: estás asumiendo el peso de preocuparte por alguien, para lo bueno y para lo malo. No es un matrimonio pero, en el mundo, muchas amistades gozan de mejor salud que muchos matrimonios. Y si no quieres pasarlo mal cuando un amigo se marche, no tengas agallas para tener buenos amigos. Cobarde feliz, valiente amargado. Yo prefiero ser valiente.

Así que cuando me entra la vena depresiva de "quién te manda irte a Lesotho" o "cómo voy a hacer para mantener la magia viva estando en Finlandia" me paro, respiro hondo, y me pongo a recordar grandes momentos con Jorge, Paúl, Daví, Miguel Ángel, Susana, Anita, Dani, Luna, Carla y un larguísimo etcétera de nombres, cada cual con su historia. Todos anclados en mi corazón. Porque, chavales, chavalas, esa amistad no se puede resquebrajar: está cimentada, muy bien cimentada, en algo muy profundo, sentimientos tan puros que no tienen quién les ponga nombre.

Y ¿sabéis lo que se pone sobre cemento?

Losas.

...

Y la satisfacción de pisotearlas cuando nos reencontremos no nos la quita nadie.

Tuesday, August 12, 2008

Un tipo duro

Normal que me pasen estas cosas. Llevo dos años viviendo en un país en el cual la gente te toma por delincuente por saltarte un semáforo en rojo. Una ciudad en la que hace poco a un colega se le cayó un vale de 500Euricos en gasolina al lado del coche y cuando volvió se lo encontró en el parabrisas. La gente es honrada. Y como no cumplas te puedes meter en marrones considerables. Claro, al final te acostumbras y acabas portándote bien.
Pero yo que vengo de una zona tan radical como el Cabo de las Huertas - con una densidad de macarras descerebrados por metro cuadrado de las más altas de España - y con un pasado muy oscuro - que le pregunten a la tropa de la urbanización Jardín de las Huertas cómo nos las gastábamos - en cuanto veo una oportunidad de retar a la autoridad me abalanzo sobre ella.

Estábamos en Estonia, Saarema para ser más precisos, cuando mi instinto de rebelde sin causa-porque-la-perdí-por-el-camino me advirtió de que tenía una oportunidad de demostrar lo duro que soy. Porque yo, señores, señoras y señoritas - los señoritos no se atreven a entrar a este blog - cuando me pongo soy un huracán de irrefrenable afán cuasi anarquista. Además, en Estonia, ni honradez ni tonterías de esas. Así que me sentía en mi salsa, capaz de pasearme por el filo de la legalidad con la cabeza alta en plan "¿y tú qué miras?".

Y ahí me fui, directo al epicentro de la radicalidad, dispuesto a apoyar a mis hermanos busca-broncas ayudándoles a que su causa y su eslogan se propaguen como la pólvora por el mundo. La contundencia de la frase, la fuerza de la ortografía, el valor de la firma... ¿¡Cómo no me voy a hacer una afoto!?




Yo, rebelde. Fuck da Police.


Un leoncico

La foto del león algo cabreado que publiqué hace un par de días para explicar la palabra "guedeja" ha herido sensibilidades. "Es un león que no tiene pinta ni de estar de buen humor ni de tener una buena higiene bucal".

Y es cierto que siendo este blog un espacio de paz, armonía, buen rollito y claramente enfocado al niño que todos llevamos dentro - no Paúl, no estás embarazado, es una expresión - creo que sería bueno mostrar un ejemplo de león bonico, mono, tranquilete, majo y sin problemas que le hagan ser digno de la tarjeta Visa-Vitaldent.

Aquí tenéis uno con guedeja sintética pero menos malas pulgas.



Y para rematar este post edulcorado, un vídeo de un tigre chiquitín y adorable.



Hala. Que no se diga que aquí todo son tacos y pijadas. No.

Que se diga que también sé publicar pijadas guardando las formas.

Monday, August 11, 2008

Una de mosquitos

Son pequeños pero matones. No, eso se me queda corto. Son pedacitos de infierno con alas. Nah, demasiado poético y falta rabia. Canijos pero muy molestos. Bah, quita, parece que tengo horchata en las venas. Bichos de mierda a los que espero erradicar de la faz de la tierra. Sí, mira, me gusta. Y ahora sí parece que tengo sangre corriéndome por las venas. Sangre ejpañola y francesa, roja y, por lo visto, mu rica.

El año pasado me picaron treinta mosquitos durante el fin de semana del solsticio de verano. Tengo testigos que pueden corroborar esta afirmación. Veinte picotazos entre ambas piernas - que ya son - y el resto repartidos por el cuerpo siguiendo cualquiera que sea el criterio lógico que esos chupasangres desgraciados tengan. Lo malo fue que algunos de esos bocados - porque ya se pasa de picotazo - me dieron alergia y acabé con las piernas bacheadas, untado en crema y jurando en arameo para desahogarme las ganas de rascar.

Pasado un año le comenté a mis amiguetes el respeto que me imponía volver a enfrentarme a tan peculiar temporada de caza, siendo yo la presa. Me daba pereza volver a pasar por lo mismo: estar de barbacoa quince y que sólo vayan a por mí. Y, encima, que me produzcan una reacción y escuezca el triple. Pues eso, da pereza. Por saco.

Así que este año cuando hemos hecho barbacoas siempre me he ofrecido voluntario para hacer el fuego. Y me he puesto a propósito dentro del humo. No delante, cerca o detrás. No. Dentro. Acabas oliendo a parrilla, tu novia reniega de ti, pero apenas sufres ataques. Y, gran noticia, las pocas veces que fueron a por mí no me dio ninguna alergia. Nada. Fue como un picotazo normal. Y de un picotazo normal de mosquito normal sin alergia anormal no me quejo. Tampoco vas a ir de llorón por unos miligramos de sangre.

Pero ¡ay amigo! el viaje a Saaremaa fue otra historia. En el trayecto de la playa al hotel - que hacíamos en bici y que dura cinco minutos de reloj - se cebaron conmigo los mosquitos estonios. No sé cómo se las apañaron para machacarme de tal manera mientras pedaleaba - se supone que no soportan el viento o las corrientes de aire fuertes - pero me imagino que se posaron en mi brazo a sotavento cuando aun estaba parado y, hala, festín de sangre latina.

Estado natural de los bocados, sin rascar ni tocarlos


Insisto: todavía no me había rascado, esa es la reacción natural

Claro, obviamente, aunque uno tenga una capacidad de autocontrol corporal mayor que la del Dalai Lama - por citar a alguien, no me preguntéis - al final acabas cayendo. Hasta el Maestro Pai Mei se habría rascado. Aunque ya no tomé más fotos os puedo garantizar que después de ensañarme con él, el del codo daba miedo.

Pero se acabaron las vacaciones - de las que creo que volveré a hablar más adelante - y de vuelta a Helsinki. A salvo de los mosquitos estonios y dispuesto a saludar a los ya conocidos mosquitos fineses. Total, este año no dan alergia. No hay problema. Están en el bote.

Y en esas estaba hasta que Cat, hace dos noches, me gritó desde el cuarto que "hay un mosquito en la habitación". Yo estaba al ordenador consultando estupideces - no me acuerdo pero lo presupongo - y le contesté que "si lo puedes matar tú, mejor, cariño que yo estoy líado". Pam, catapam. Listo. Es bastante grande, échale un vistazo. Y en eso que dejo lo que estaba trajinando y miro.

- Cariño, eso no es un mosquito.
- ¿No? Vaya... Pero... ¿Qué es?
- Un helicóptero.


Helicóptero

Si me pican dos de estos, me disecan.


Como no tenía a mano mis utensilios del "kit CSI Cabo Huertas" no pude poner una regla para hacer la foto así que coloqué un portaminas para que os hagáis una idea del tamaño de la criatura. No estoy a salvo ni en Finlandia ni en Estonia.


Para el toque educativo del día, cito la conocida página - a la que siempre recurro para solucionar dudas y preguntas difíciles - Educación Inicial:

Los machos se alimentan de la savia de las plantas y del jugo de las frutas. El alimento favorito de las hembras es la sangre. Aunque el mosquito es una molestia, hace poco daño. (Vete a Estonia a ver qué te pasa, no te joroba... ) Algunos parientes del mosquito doméstico común, sin embargo, pueden transmitir el paludismo o la fiebre amarilla. Y estos si son peligrosos! Si hombre, nada más faltaba que los mosquitos por estos lares transmitieran la fiebre rusa - de la que mejor no hablo o me cierran el blog.

Bromas aparte, para los que quieran fuentes más sólidas: ¿Cómo eligen a sus víctimas estos pequeños hijos de puta?


Para cerrar una de Mecano, en playback, con un par:

Friday, August 8, 2008

Pulseras

El otro día os hablaba de mis pulseras y de la penita que me daba perderlas o romperlas.

Bueno, después de sufrir un par de bajas y tener alguna incorporación estelar, esta es la situación a día de hoy:


Muñeca izquierda


Muñeca derecha


Y dado que éste es un blog didáctico cerraremos con la RAE:

Pulsera
1. f. Cerco de metal o de otra materia que se lleva en la muñeca para adorno o para otros fines.
2. f. Joya de metal fino, con piedras o sin ellas, sarta de perlas, corales, etc., que se pone en la muñeca.
3. f. Venda con que se sujetaba en el pulso de un enfermo algún medicamento confortante.
4. f. Guedeja que cae sobre la sien.

Y, ojito al tema, todos los días se aprende algo:

Guedeja:
(Cf. vedeja).
1. f. Cabellera larga.
2. f. mechón.
3. f. Melena del león.
tener algo por la ~.
1. loc. verb. No dejar escapar la ocasión de lograrlo.


Que tengáis una buena semana y espero que pese a ser lunes estéis de mejor humor que yo. Los que me conocéis ya sabeís que para mí, el lunes da ira asesina. Preguntadle a Juan.

Thursday, August 7, 2008

Hoy, la lavadora y el cordel

Si el otro día comentaba que reventé una botella de vino tinto y casi prejubilo unos calcetines recién comprados, mi suerte volvió a hacer de las suyas. Puse a lavar mi bañador porque no sé dónde me senté pero tenía el culete manchado por algas y no saltaba lavándolo a mano. Y al terminar la colada me encuentro con esto:






Tiene delito. Me pregunto si estas cosas sólo me pasan a mí. Estaba bastante más atascado de lo que parece. Por unos segundos se me pasó por la cabeza meterme en Google para ver si había algún truco para garantizar que podría sacar el "mierdacordel" del tambor de la lavadora sin crear daños materiales, pero desestimé esa opción: quién sabe, igual aconsejan poner aceite, vinagre o zumo de melocotón para que salga más fácil y vuelvo a liarla en el baño.
Así que nada, fuerza bruta. Además, ahora que voy al gimnasio - pausa para risas - y estoy echando brazos - pausa para que os sequéis las lagrimas, cabrones - seguro que no hay problemas.

El resultado de la operación: "estira, copón, ¡¡¡estira!!!"


Candy se llama la lavadora. Y no es la primera vez que se pasa de lista. A veces durante el lavado se sale de su sitio y en ocasiones baila tanto que bloquea la entrada al baño entero - ya os pondré fotos para que veáis que no exagero. Y hay días que centrifuga de pena por lo que hay que mandarle repetir para evitar poner a secar ropa que chorrea. Así que, para no perder las buenas costumbres, cuando terminé con el bañador y con las fotos, me despedí de ella con un cariñito: "Tiene delito que con un nombre tan dulce seas tan hijaputa". Con cariño. Siempre con cariño.

Tuesday, August 5, 2008

Cómo quitar una mancha de vino tinto de una prenda blanca

Pues eso, que no contento con reventar una botella de vino tinto recién pagada, tuve la delicadeza de hacerlo cuando aun viajaba en la misma bolsa de plástico donde estaban los nuevos calcetines de Cat. Todo acabadito de comprar del tax-free en el barco de vuelta de Estonia.

Los calcetines estaban agrupados en tres pares, dos negros y un blanco. Todos ellos tienen dibujados elefantes. Una pocholada. En mi triste defensa decir que tuve el reflejo de, en cuanto noté que la botella se había partido, meter la mano y sacarlos de la zona cero. Sólo se manchó un par de los tres. El blanco, evidentemente.

Llegamos a casa, cansados por el viaje, tristes por acabar las vacaciones, desanimado yo por la vuelta al trabajo y nerviosa Catta por afrontar su primer día en su nuevo puesto y, para rematar, cabreados por haber perdido una botella de vino y unos calcetines tan cucos. No puede ser. Esto lo soluciono yo. Lo de los calcetinos digo. Porque al vino ya no lo salva ni la madre que lo parió.

Nos ponemos manos a la obra. Sabemos que hay que echarle algo a la prenda manchada para que absorba el tinto. Algo blanco y de cocina. Harina, azucar o sal. Descartamos la harina por ser una guarrada descomunal. ¿Sal o azucar? Probemos con el azucar. Calcetines en un barreño cubiertos de azucar.



Cat se pone a leer la prensa acumulada de los últimos cuatro días. Yo me meto en el interné y le pregunto al google "quitar manchas vino tinto prenda blanca". O algo así. De entre los miles de consejos, trucos y milagros varios veo que hay una palabra que se repite con insistencia: sal. Y yo que juraría que tengo un barreño con dos calcetinos cubiertos de azucar. Cagada.

Voy a la cocina y cojo el bote de sal fina. Entro al cuarto de baño. El azucar está fraguando con la tela y el vino y la mezcla de los tres elementos da bastante grima. Los sacudo. Me pongo de azucar hasta las orejas. Lógicamente, las manchas siguen allí, mirándome con descaro. Les aplico una capa muy generosa de sal. No puedo evitar pensar en la dorada que mi padre prepara con maestría - para que veas - en el horno. El suelo de la ducha está cubierto de azucar. Si esto fuese Alicante, me digo, habría millones de hormigas acechando. Pero aquí, nada. Normal, con el año que llevamos seguirán bajo tierra preguntándose si alguien se olvido de poner el despertador en el hormiguero o si realmente este invierno está siendo largo.

Vuelvo a sentarme al ordenador. Las palabras más repetidas después de "sal" son "agua oxigenada". Creo que no tenemos en casa pero no estoy seguro. Ni se me pasa por la cabeza preguntarle a Cat si tenemos "oxigened water" y me da pereza buscar la traducción. Prefiero seguir leyendo curiosidades acerca de las manchas de vino. "Hervir la prenda en leche". Visualizo el momento en el que Cat me ve metiendo sus calcetines en una cacerola llena de leche hirviendo. No me gusta su mirada. Visualizo el momento en el que le explico el porqué - lo leí en Internet, te juro cariño que dicen que es un buen remedio. Me gusta incluso menos. Descartado. Sigo leyendo. "Importante: a falta de agua oxigenada, aplicar zumo de limón sobre la mancha y luego cubrir con sal". Enarco una ceja. Así que tenía que poner limón antes de poner la sal. Vaya. Cojo el concentrado de limón que tenemos en casa. Es un bote de plástico amarillo con forma de limón - qué ingenioso - que compramos en septiembre del año pasado. Me río pa mis adentros pensando en lo que estoy a punto de hacer. Entro al baño. Me arrodillo y le pego tal rociada a los calcetines que parece que un elefante de los verdad, africano grande y pesado, se hubiese meado en ellos. Pero espera, me digo, ¿no se supone que tenía que poner primero el limón y luego la sal? Bah, qué más dará, le pongo otra capa y listo. Apago la luz y que sea lo que dios quiera.



"Dejar actuar la sal y luego lavar normalmente". Primero, ¿actúa realmente la sal? ¿Cuánto actúa la sal? Porque como actúe de verdad con la cantidad que he puesto cuando vuelva no queda ni el barreño. Y lo de "lavar normalmente", bueno, supongo que se refieren a dejarme de guarradas, llenar el barreño de agua y ponerle detergente. Esta vez cierro la puerta del baño. No quiero testigos. Espolvoreo los calcetines en la ducha. Cada vez se ven menos baldosines. Si pusiera un poco más de sal podría decir que el suelo está cubierto de arena blanca de Punta Cana. Pongo el barreño bajo el grifo y abro el agua. Salpica, me mojo, el agua chorrea alegremente llevándose la arena de Punta Cana al carajo y la sal se deshace dejando al descubierto dos preciosas manchas de vino tinto en dos calcetines blancos nuevos estampados con elefantes. ¿Y qué te esperabas, imbécil?

No me rindo. Lleno el barreño. Corto el agua. Los calcetines tiznados de tinto flotan. Echo un cazo muy generoso de detergente. Las manchas se vuelven automáticamente verde muy oscuro. ¡¿Qué?! Miro de nuevo, saco uno del agua y lo analizo de cerca. Verde muy oscuro. Lo dejo caer, me levanto, apago la luz y cierro la puerta.

Media hora después vuelvo al lugar de los hechos. No me he parado a pensar qué le voy a contar a Cat cuando me pregunte por qué sus calcetines tienen manchas verde espinaca. Me arrodillo de nuevo - la rodilla me pica cuando se me clavan los granos de sal, o azucar, o ambos - y sacó una de las víctimas del agua. El manchurrón ha disminuido notablemente. Sorpresa y gran alegría. Un pensamiento se se hace fuerte en mi cabeza: "frota como si te fuera en ello la vida. Frota, desgraciado, por tu madre, frota". Y claro, froto. Luego enjuago. Y luego pongo a secar, con una sonrisa bobalicona colgada de la boca.

Me enorgullece decir que los calcetines vuelven a ser blancos y están listos para ser lucidos y paseados por ciudad, campo y mar.



Por resumir: receta contra manchas de vino tinto en prendas blancas:

- Dejar macerar la ropa veinte minutos durante el trayecto del tranvía vuelta a casa. A falta de tranvía, autobús, taxi, bicicleta u otro medio de locomoción vale.

- Meter en un barreño seco y espolvorear sin miedo con azucar. Esperar diez minutos.

- Rascar el azucar con el dedo y sacudir la prenda con energía. Hecho esto, cubrir la mancha con sal fina. O gruesa. Pero sal. Esperar cinco a diez minutos.

- Vertir una generosa cantidad de zumo de limón. Luego cubrir todo con más sal. Nada de ser tímido, ¿eh? Esperar media hora.

- Enjuagar la marranada con agua tibia. Llenar el barreño y echar detergente como para poner una lavadora de 40Kg. La mancha se volverá verde espinaca - y quién no lo haría si después de azucar, limón y sal nos dieran detergente. Dejar macerar media hora.

- Volver al lugar del crimen y frotar, enjuagar, lavar, relavar, refrotar, ensañarse con la prenda hasta que quede blanca e impoluta como el hábito de Sor Pulcritudes de la Merced. A estas alturas, o la mancha desaparece o es la prenda la que lo hace.

- Dejar secar.

Eso es todo. Sed felices y seguid bebiendo tintorro, bribones, que sé que os gusta.