Saturday, January 26, 2008

Conociendo al vecindario

Sábado por la mañana. Recién salido de la ducha oigo que llaman al timbre. Extremadamente sorprendido, me enrosco en una toalla y me dirijo chorreando agua e incertidumbre hacia la puerta. El efecto sorpresa es porque para acceder hasta mi rellano uno debe superar una puerta con un código de cuatro dígitos que, por motivos de seguridad nacional, no puedo revelar en este blog, y una puerta sin telefonillo ni ningún otro método de apertura que la conocida como "puta llave". Por lo tanto, si alguien llama al timbre, es alguien de dentro. Es algún ente de los que habitan el edificio. Podría darse el caso de que un amiguete estuviera de paso y quisiera saludar? Sí, podría. Pero es muy poco probable dado que mis amiguetes tienen cosas mejores que hacer un sábado por la mañana y que sería mucha casualidad que se cruzaran con un vecino que les abriera las puertas. Yo me he cruzado con dos en 2 meses.

Quién será? Por qué llamará? Por qué me hago tantas preguntas y le doy tantas vueltas a la toalla uy cuidado no sea que moje a la persona que está al otro lado? Por qué no abrir en pelotas hablando en español para crear una primera impresión inolvidable? Me estaré volviendo finés. En dos meses viviendo en Mäkelänkatu no he tenido los santos cataplines de ir a saludar a los vecinos de piso (tocamos a dos hogares por planta). No sé si son rubios, morenos, altos, bajos, majos, yonquis. Igual son principes herederos de la corona chiquitistaní y nos podrían invitar a fiestas caras y champán. O igual son belgas.
La cuestión es que incluso los fineses te reconocen que está en su personalidad: no se sienten cómodos con la idea de ir a ver al vecino "hola que tal, acabamos de mudarnos, aquí tienen unas madalenas". No. Son más bien del tipo "anda y corre Mikko que creo que esos son nuestros vecinos, que sofocón como nos toque interactuar socialmente con ellos". Vale, exagero. Pero por ahí van los tiros.
Y el hecho es que a mí me tendría que dar igual. Yo tenía que haberme plantado en su puerta en diciembre un día y mire buenas, me llamo tal, vivo aquí al lado con esta muchacha que no es que se haya quemado en la playa, idiota, es que le da vergüenza estar aquí haciendo el paripé. Y lo de idiota es porque no sé si se ha percatado que llevamos un mes sin ver el sol, que está esto más oscuro que las memorias de Kunta Kinte. Pero no lo hice. Me dejé llevar por un "bueno, total, mientras no montemos follón y ellos no se quejen, vivamos en paz y armonía".

Todo lo escrito anteriormente es lo que pienso a velocidad vertiginosa mientras recorro los siete pasos que separan la ducha de la puerta. Primero: pienso muy rápido. Segundo: sí, siete pasos de la ducha a la puerta, es un piso de cuarenta metros cuadrados, qué queréis? Abro la puerta interior, que se abre hacia adentro y cuya función principal es incomodar mucho la salida del piso (si bien gente finesa afirma que es para cortar el frío y los ruidos) y, por fin, abro la segunda y me encuentro cara a cara con una señora de cincuenta y cinco años (a ojo), que casi sufre un ataque de pánico al verme chorreando vistiendo sólo una toalla. Si es que hacerle esto a una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo otra vez, que para eso tengo dos) es pasarse cuatro pueblos.

Lo primero que me dice es "anteeksi", es decir, "disculpe". Yo, que soy un caballero le contesto: "no no, no problem. Anteeksi, mina en puhu suomea, puhuuko englantia?" O lo que es el lo mismo, "no no, no hay problema (creo que hasta aquí llegabais por vosotros mismos), disculpe, no hablo finés, habla inglés?" Y sí, lo habla. Y con total naturalidad va y me suelta:

- "Simplemente quería saber si todo va bien."

Olé tu salero. O sea o no hablas con el vecino en cinco años y no tienes la más remota idea de cómo es o le jodes la ducha para preguntar si todo va bien. Yo me quedo patidifuso. Sí sí, esa es la palabra. Patidifuso. No entiendo está situación. Estoy más confuso que Ronaldo con el crucigrama "grandes éxitos de la literatura francesa del siglo XIX".
No han pasado más que dos segundos desde que me preguntara pero me parecen minutos, horas. Algo le tendré que contestar a la señora esta. Me estrujo la sesera. Qué hemos hecho Cat y yo o qué no hemos hecho para que la vecina se trague lustros de cultura finlandesa y llame a nuestra puerta? Ruido? Humo? Albergar cuarenta indocumentados? La marihuana del sotano? Me fastidia admitirlo pero una señora finesa de cincuenta y cinco años (a ojo, que me quedaba uno por usar) me acaba de dejar en blanco, en mi propia casa, mojado y sólo ataviado con una toalla. Os habéis dado cuenta? "Ataviado". Si es que cuando me pongo serio no hay quien me pare. Reconozco que es un uso discutible de la palabra pero bueno, licencias que me tomo.

Y contesto a la señora:

- "Well, yes, everything fine, thank you. Why?"

Triste y sosa respuesta donde las haya. Pero ahora, con la réplica de la vecina, es cuando se hace la luz. Lo pongo ya traducido porque soy así de majo.

- "No, bueno, lo pregunto más que nada porque como tenéis las llaves metidas en la cerradura y colgando de la puerta desde esta mañana, simplemente quería saber si era premeditado."

Tras escuchar y asimilar cada palabra (incluido "premeditado" aunque creo que eso es otra licencia porque la señora en inglés a tanto no llega) no me queda más opción que, sin mover los pies, asomar la cabeza y mirar el reverso de la puerta. Y allí están. Mis llaves, el juego entero de llaves y llaveros, que no es poca cosa, cuelgan felices de la cerradura. La mano que no sujeta la toalla se encarga de recuperar todo el equipo mientras yo, con la típica cara de "como puedo ser tan gañán" le digo a la señora de cincuenta años (me faltan ojos, ya no atino) algo como "no señora, no es algo normal que nos dejemos las llaves por fuera. Muchas gracias por avisar".

- "Bueno, es que como han estado desde esta mañana he pensado que igual alguien las podía coger. Pero no estaba segura".

Qué más le puedo decir aparte de muchas gracias. Podría intentar ironizar con la idea de que Finlandia siendo un país tan seguro nos sale más a cuenta dejarnos las llaves por fuera para estar seguros de nunca tener que llamar al cerrajero. Pero mira, te han pillado con una toalla, mojado, y quedando como un capullo así que déjate de historias y sé cortés: con el clásico "de nada" seguido de "que tenga un buen día" nos despedimos. Ella a seguir con sus tareas de sábado por la mañana y yo a seguir secándome antes de que se me queden las pelotillas heladas, a ver si os creéis que hace calor en el rellano.

Para aquellos más curiosos: la víspera tuvimos cena y fiesta karaoke en casa de Cia y Nalle. Singstar, pizzas, ponche, vodka, vodka, vodka... Todo sea por desafinar sin morir de vergüenza. Volvimos a casa a las dos, obviamente, más que tocados. Yo tenía ambas manos ocupadas con un plato grande de cerámica con el que llevamos tapitas de salmón a la fiesta. Le pedí a Cat que cogiera mis llaves y abriera ella.
No sé en qué momento dejamos de entendernos. Si sé que ella abrió la puerta y, por lo visto, contó conmigo para que recuperara las susodichas. Y allí quedaron, colgadas, acojonando al personal de Mäkelänkatu.



Sigo al pie del cañón. Gracias a todos por hacer de los días en Alicante unas vacaciones preciosas. Pese a lo que pudiera parecer, la vuelta a Helsinki no fue dura: me gusta mi vida aquí. Soy feliz. Las cosas claras. Pero, evidentemente, pasar dos semanas en casita, con mi buena gente, vino, embutido, quesos y sol fue mucho más que gratificante.

Os quiero!



Fotos de Navidades...

Cat y yo en el ático de mi casa.

El trompetista del Parc GüellCat y BCN

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