Cat y yo nos encontramos en Kamppi, el mayor centro comercial de Helsinki. Son las 17.30h y, tal y como habíamos decidido la víspera, vamos a hacer un par de compras, abrir una cuenta para meter nuestros ahorrillos mensuales y si eso cenar también en algún sitio baratillo. Dado que llego tarde porque la oficina ha tenido mucho movimiento, Cat ha aprovechado para comprar el par de cosillas que queríamos para el piso. Abre la bolsa y me muestra un par de toallas para la cocina, mantel, genial. Cuco y barato!
Dos minutos después estamos en Anttila, tienda de ropa, cosas de hogar y demás donde se supone que puedo encontrar zapas baratas. En efecto, son baratas pero ni estoy cómodo en ellas, ni me gusta cómo pintan. Es el tipo de zapatilla que, cuando la ves, piensas: eso son zapatillas baratas y/o de mercadillo. Y no tengo nada compra el buen precio o los mercadillos pero con suelos con hielo, nieve y frío en los pieses (lo sé, y me da igual, mola mucho más este plural), me cunde más gastarme más pero garantizar que no me tienen que amputar ningún dedo si camino más de media hora por la calle en invierno.
Salimos de la tienda. Cat está algo decepcionada por que no he encontrado nada que me guste. Le casco un beso en el pelo, en la cabecilla, que para algo le saco unos centímetros. Nos dirigimos al banco, San Nordea reza por nosotros. Bien podríamos probar otros bancos pero, dado que ya antes de conocernos ambos teníamos nuestras cuentas en esa linda entidad y sabiendo que la cuenta de la fianza del piso está también allí, pues mira, tira palante que ya nos conocen. Además, somos clientes check in que suena super guay pero no te aporta ninguna ventaja que te deje boquiabierto. Normal. Es un banco. Qué te esperas, que te den dinero por guardar tu dinero. Iluso…
La muchacha que nos atiende es maja. Sonríe mucho y me imagino que sabe lo que vende. Me lo imagino porque la muy tiparraca, pese a tener veintipico, no habla inglés decente, ni siquiera sueco. Español, francés, ni pregunto. Nos ofrece un tipo de cuenta así que si alcanzas esta cifra te ofrece esto y que puede convertirse en una cuenta asá si quieres que tu dinero bla bla bla. Vale, venga. La cuenta se adapta a nuestras necesidades y tienes sus cosillas así que, hala, dame el papelajo que firme. Nos marchamos del banco tras abrir una cuenta cuyo valor es 0 euros. Es la primera vez en mi vida que abro una cuenta en un banco sin que me pidan que haga un ingreso inicial, por simbólico que sea. Mola.
Tenemos hambre. Los bancos dan hambre. La jornada laboral también. Pues anda, comamos aquí que hay variedad. La gran pregunta: ¿dónde? Tras titubear unos instantes rodeados de una muchedumbre enfervorizada por las últimas compras del día (qué cosas tengo), Cat propone ir a una hamburguesería pequeña que también está en Loviisa. Comida decente dado que no sirven la basura de cadenas de comida rápida, “en este sitio sabes que si pides pollo comes pollo y que todo es más natural”. Oye, si tú lo dices, para qué darle más vueltas.
Apenas hay cola. Pido un juusto ateria o, en cristiano, menú hamburguesa con queso y me pido un kana ateria para mí que en la lengua castellana es un menú hamburguesa de pollo. Fanta naranja, Sprite. Patatas normales. Chili salsa, kiitos. Pago y llevo la bandeja a la mesa.
La verdad es que la hamburguesa tiene buena pinta. Como dato curioso, me han dado dos veces la misma tapa de pan. Me explico: en vez de darme una parte de arriba del pan con sésamo y una parte de abajo como base (sin sésamo ni florituras), ambas partes tienen sésamo, ambas son partes de arriba. No me quejo. Malo para el chaval al que le toquen dos partes de abajo! Le hinco el diente.
Tiene un sabor guapetón. Le han metido curry en vez de la típica mayonesa. Bonito. Pero tiene un toque secundario que no me convence. No sé qué es exactamente. Pero no me convence. ¿Qué ingrediente secreto usan? ¿Por qué tengo la impresión de haber pasado ya por esto antes? A grandes males, guarros remedios: analicemos el contenido atrapado entre las dos rodajas de pan “asesamadas”.
Empiezo a realizarle la autopsia a la hamburguesa. Autopsia porque espero que lo que me encuentre dentro esté muerto y bien muerto. Me imagino que el curry en la hamburguesa para mí es como la sangre en un paciente para un cirujano. Una guarrada en toda regla. Estoy dejando la bandeja hecha asco y sigo sin hallar el ingrediente secreto. Pero cuando ya empiezo a jurar en arameo, encuentro la respuesta que andaba buscando: Piña.
Una preciosa y generosa rodaja de piña. Me doy la vuelta y miro al chaval de cocina para ver si se está riendo en plan no hombre, que no la pagas ni te la comes, que era una broma de la casa. El tío está a su bola. Cat tampoco parece escandalizada. Y yo me acabo de acordar de que estoy en Finlandia y aquí te meten una piña a la mínima. Saco la rodaja. La dejo encima de la bandeja y la tapo cual cadáver con una servilleta. Cat no se sorprende: sabe que no me entusiasma esa fruta. Como siempre le digo y como siempre le he dicho a mi padre cuando cocinaba algo y yo me quería escaquear: “me gusta pero no me apetece”. Desde que estoy en Finlandia creo que me ha “apetecido” comer piña tres veces.
Al final la hamburguesa está buena. Las patatas un poco flojas. Pero en general, el local aprueba. Eso una vez que sabes que te clavan una rodaja de piña en tu menú. Salimos del local. Mis manos huelen a curry que lo flipas. Ya da igual, nos vamos a casa. Habiendo cenado, con un par de compras, y con una cuenta de ahorro con cero euros de saldo.
Un abrazo!
Nota: siguiendo este enlace veréis un vídeo del yo tuve que, más allá de la música, está rodado en nuestra calle!
(a los 3.30 del video se ve una luz amarilla, un toldo amarillo. Es el video club. Vivimos a 60 segundos a la derecha. Nuestra ventana no se ve por muy poco.
3 comments:
jajaja me he reido un montón, ¿sabes por qué? Porque he visualizado tu cara ya que "esto lo hemos vivido". No sé si lo recordarás pero yo sí, aaaaamigo yo soy la de la memoria ¿recuerdas? Te diré que un cierto verano que pasamos en mi tierra fuimos un día a comer al chino. Entre varios platos había pato a la piña, cuando decidiste coger un trozo al que tu llamabas "patata" Efectivamente tu cara cambió cuando la patata que te habías comido no sabía sino a... piña!
¿cierto?
Para que veas que por estos lares todavía nos acordamos de ti!
te echo de menos...
Ola ola mui bien!
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