Pongámonos al día.
No escribo desde hace mucho tiempo. Agradezco a todos los seres humanos que, con su corazoncito y su paciencia, me dejaron comentarios y me siguieron visitando pese a la sequía.
Dado que no tengo ganas de pensar - menuda novedad para un lunes - voy a escribir un poco a loco, ideas y temas sueltos y en desorden y ya vosotros os montáis la peli por vuestra cuenta.
Primero, para que no se me pase: el viernes 12 estaré en Barcelona pero apenas tendré minutos sueltos para ver a nadie. Pa que os digo que sí, si no. Muy probablemente estaré pillando el tren para Alicante que sale a las 17h desde la estación patrona de Barcelona.
Para los menos avispados: obviamente, voy a Alicante. Llego el viernes y me quedo hasta el domingo por la tarde - horario por definir - y aunque mi principal objetivo es reunión familiar con hermano y hermana incluidos - no sé cuándo fue la última vez que coincidimos los cinco! - también sacaré tiempo para los amiguetes. Apuntaros en la agenda que el sábado de sobremesa y tarde estaré de cañas en algún bareto de la Playa de San Juan y encantado de saludar a cuantos más, mejor.
El domingo me piro a Madrid para pasar unos días pero los únicos ratos libres que tendré serán lunes, martes y viernes noche, y ni siquiera es seguro. Pero bueno, se aceptan propuestas.
Pasada esta oportunidad, no me atrevo a aventurar cuándo será la próxima vez que baje a España. Espéin para los amigos. The land near Mallorca para los alemanes.
Siguiente asunto, que no decaiga: la mudanza de Mäkelänkatu a Pitäjänmäki fue un exitazo - los nombres mejoran con el tiempo, como veis.
Os cuento.
La semana del 27 al 31 de octubre la dedicamos a limpiar y empaquetarlo todo. Todo. La idea era que cuando llegasen nuestros refuerzos el sábado in da morning no hubiése nada suelto. Y cumplimos.
El viernes 31 por la tarde habíamos alquilado un coche para empezar a llevar bártulos, todas las plantas - tenemos entre 15 y 20 - y sacarle provecho a un servicio de alquileres de coches al que nos apuntamos hace un tiempo. Recogimos el coche en el lugar acordado. Cargamos el vehículo, un muy espacioso Ford Ka, hasta los topes y más allá. Imprimimos mapas para encontrar fácil y eficientemente nuestro camino. Nos perdimos. Nos perdimos más. Nos encontramos. Pillamos un bache. Otro. Las plantas volcadas, un caos de la leche. Al final: recogimos las llaves, descargamos el coche, volvimos a casa usando el GPS del Nokia de Catta y yo acabé encerrado en el coche con el aspirador - llovía mucho - dejándolo como una patena.
Sábado de todos los santos. A las 7.30 tenían que llegar los padres de Cat. A las 7.30 llegaron. A las 7.45 tenía que llegar el amigo del padre con el camión. A las 7.45 llegó. A las 8 le había sugerido yo a mi amigo francés Steve que se plantara en mi casa para ayudar con la promesa de café, pizza y cervezas. A las 8 en punto llegó. Acojonante. Y lo mejor de todo fue que cuando llegaron los padres, pues apretón de manos y abrazos y gracias por venir etcétera pero cuando llegó el colega del camión - cuyo nombre nunca llegué a conocer, no saludó, no parpadeó, no. Entró, miró a su alrededor, se agachó, pilló una caja y salió. El padre de Catta lo siguió con otro petate, sin mediar palabra. Y así fue. Palabras las justas, eficiencia la máxima. 60 minutos después Steve y yo estábamos sentados en el sofá, a oscuras, en la parte de atrás del camión, camino al nuevo hogar. Una hora. Y mejor: otros 90 minutos después estábamos todos - incluidas Cat y su madre que se habían quedado para limpiar lo que pudiera haber quedado por limpiar - en el salón ya amueblado comiendo las prometidas pizzas y cervezas. Hay que joderse.
Sin ánimo de ofender - y basado en hechos reales - pero si esta mudanza se organiza en España me imagino el percal. Como si lo viera. La peña llegando a las once y media, como pronto. Nada empaquetado, por supuesto. El del camión viene pero al final mi hermano sólo me ha podido prestar el Megane, pero es un gran coche y el maletero cunde un huevo. Y nada, todo el día para arriba y para abajo, carga, descarga, amontona y suerte tendrás de acabarlo en un día...
Me imagino que estaréis deseando ver fotos del apartamento. Pero no va a poder ser: no tengo acceso a fotos ahora pispo así que tendréis que ser pacientes. Total, si habéis estado esperando semanas a que escriba algo - no lo neguéis, sé que habéis estado esperando, leales lectores - podéis aguantar unos días más.
Dejando el piso de lado, creo que una de las mejores cosas que Cat y yo hicimos en noviembre fue ir a un concierto de música brasileña. Tuvimos la oportunidad de ver a Farofa Carioca y a Elza Soares. Hubo otra banda antes pero, bueno. Eso. La pobre Elza tuvo un accidente de coche el mismo día de la actuación y quedó, para qué ponerlo en dulce si era salado, hecha una piltrafa. La mandíbula hinchada, coja, renqueante. Un cuadro. Y cuando en el hospital le preguntaron no irá usted a cantar esta noche, señora, que entre la edad y el leñazo debería relajarse, cuentan que la tía casi le arranca la cabeza al médico, al manager y la madre que los parió a todos. Y allí estuvo, cuarenta y cinco minutillos improvisando y haciendo que la sala entera se moviera. Impresionante. Y muy recomendable. Tengo fotos y vídeos de ese evento pero, no os lo vais a creer, me los he dejado en casa. Otro día, vale? Os lo casi-prometo por la sombra de Peter Pan.
Y un último mensaje respecto al concierto. Esto que escribo a continuación va para las cuatro señoras que estaban a mi derecha al principio del concierto, justo al lado de la mesa de control. No sé si hablan español pero seguro que alguien se lo traduce. Por su bien. Voy: Señoras, bailar samba, bossa nova, choro o cualquier otro género en público a su edad me parece un ejercicio sano, saludable, divertido y espero poder hacerlo yo mismo cuando cumpla esas primaveras sin vergüenza al qué dirán. Ahora bien, aprovechar la vorágine y euforia colectiva para bailar haciendo el imbécil, a esa misma edad, es muy muy triste. Porque ni siquiera iban borrachas que, digno o no digno, al menos aportaría algo de luz al asunto, van ciegas, qué le vas a hacer. Pero no era el caso. O sea, me explico: que un grupo de Erasmus haga un corro en una discoteca porque uno de ellos baila haciendo el pescador, el crupier, el tenista o el camarero me parece cojonudo. Yo tengo 24 y hago lo que me sale del pito en un bareto. Pero que cuatro tordas de 45 para arriba monten bulla y actúen como petardas meneándose como si estuviesen sufriendo un ataque de epilepsia me da vergüenza ajena y ganas de echar la papa. Porque daban pena. La gente las miraba, se apartaba y meneaba la cabeza preguntádose por qué. Y no me llaméis borde o rancio que no me apetece mandaros a paseo a vosotros también. Que una señora o señor adultos bailando con gracia y estilo siempre es bienvenido, pero una cosa es una cosa y otra, otra.
Lo bueno de haber ido al evento brasileño fue que nos dio la excusa perfecta para ir a Bossa, un restaurante más caro de lo que Cat y yo solemos frecuentar pero que valió la pena probar. Absolutamente todo lo que nos sirvieron estaba delicioso. Todo. El servicio también fue bueno - tardaron un huevo con el postre pero no seamos pijoteros - y quizá lo único mejorable fue la temperatura ambiente, no muy brasileña sino más bien finesa. Así que como veis, la noche fue carioca de principio a fin - y el fin fue pasadas las tres de la mañana, no creáis.
Sigo escribiendo esta semana antes de salir hacia latitudes latinas. Abrazos y demás!
Por último, y como última hora: MUCHAS FELICIDADES, JUAN.
1 comment:
Sí que te has hecho de rogar, sí, mes y medio de parón.
Especialmente reseñable el tema de la mudanza, aquí un Sábado a las 8 de la mañana con un poco de suerte llega alguien tan solo media hora tarde y de empalme, en condiciones "no muy aptas" para el trabajo duro.
Y espero que aproveches al máximo tu venida a Alicante, de momento parece que las nubes y lluvia ya se están preparando para que te sientas como en casa.
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