Tuesday, September 2, 2008

Helsinki - Kokkola

Aquella tarde Cat y yo salimos de casa, mochila al hombro, sonrisa en la cara. Íbamos a Jakobstad a visitar a Martín y Catzo a disfrutar del mar, de la fiesta local y del buen tiempo. Aterrizaríamos en Kokkola - cuatrocientos kilómetros al noroeste del país - y allí Martin nos recogería y llevaría hasta el campo base. El vuelo Helsinki-Kokkola dura una hora. Luego, en dos horas y media estaríamos allí.

Lamento la baja calidad del mapa, no tengo tiempo para más. Al sur, Helsinki; al norte Jakobstad; al oeste Vaasa.

Llegamos al aeropuerto o, para ser más exactos, a la terminal de salidas nacionales. Ninguno de los dos había estado allí antes pero tampoco tiene perdida: es una cajita de zapatos. Lo único es que habíamos reservado los billetes por Internet con una compañía bochornosamente desconocida y no había forma de encontrar el mostrador adecuado para el "chequin". Preguntamos a una muchacha de Finnair y ella nos indicó adónde ir.

No íbamos a facturar nada pero queríamos acercarnos al mostrador para sacar las tarjetas de embarque. Ninguna de las máquinas para sacar la tarjeta de manera automática con el número de la reserva nos eran de ayuda alguna: ni rastro de nuestra compañía.

Llegados al mostrador, una moza muy amable nos toma nota, DNI, tal, sonrisa, ok, venga, puerta de embarque XY y a correr.
- "¿Y la tarjeta de embarque? - pregunto yo.
- No, bueno, arriba, antes de embarcar ya os lo solucionan todo - contesta la muchacha.
Hombre, vale, si tú lo dices... Pero como no me lo solucionen en la puerta de embarque, ya me dirás. Y así nos piramos, yo un poco mosca, a comer algo y a pasar el rato.

Comimos en un restaurante majo con vino tinto - qué queréis, pa dos días que nos vamos a un sitio diferente con avión y todo al menos dejadnos celebrarlo en condiciones - y de allí a las tiendas. Relajadetes.

Luego, una vez sentados en el hall de la dichosa puerta de embarque le comento a Cat que me voy a acercar al mostrador a ver si consigo las tarjetas y a preguntar si todo va bien. Primero, porque me sigue mosqueando que me dejen subir al avión con un cacho de papel cochambroso y segundo, porque hay un ir y venir incesante de gente que le pregunta algo a la zagala responsable del tinglado y se marcha con cara mustia.

- Buenas tardes, viajo con mi novial a Kokkola en este vuelo. ¿El tema de la tarjeta de embarque...?
- OK, un segundo, A ver vuestros nombres..., sí, aquí estáis. Oye, una preguntilla: si el vuelo se llenase, ¿os presentáis voluntarios para el siguiente vuelo a Vaasa, el de las 23.45h y de allí os enlazamos a Kokkola?
- Eh... a ver, ¿me puedes repetir la pregunta? ¿Qué vuelo a Vaasa? Yo voy a Kokkola.
- Si, pero debido a un problema técnico hemos tenido que reagrupar ambos vuelos.

Problema técnico. Ahora lo llaman así. Le digo que no, gracias, que voluntarios ni al rancho, y me marcho con la misma cara mustia que antes me llamó la atención en los demás. Básicamente, en vez de tener dos vuelos, Helsinki-Vaasa y Helsinki-Kokkola, van a poner uno: Helsinki-Vaasa-Kokkola. Con un par. Y lo que es peor, la chica me ha dicho que en este momento, con los datos actualizados al segundo de manera infalible - poniendo cruces a lapiz en la lista de pasajeros - parece que "nos sobran 12 pasajeros". Nos sobran. Ojo. Y ante la pregunta cómo vais a seleccionar quién sube y quién se queda en tierra me contesta que están buscando voluntarios que quieran viajar más tarde y, si no, iran mandando gente al minibus y cuando éste se llene ya veremos. Logística de última generación.

Cat está leyendo. Se la ve relajada y contenta porque, francamente, el finde que nos espera es de ensueño: buen tiempo previsto, dormir en un velero con dos muy buenos amigos, el pueblo entero en fiestas y, sobre todo, escapar por unas horas de Helsinki. ¿Cómo le digo que igual ni subimos al avión?

Las últimas semanas han sido un infierno y necesitamos un respiro. ¿Con qué cara nos vamos a volver a casa si nos falla este vuelo? Porque eso es lo malo: no tenemos margen para el siguiente vuelo: nuestro amigo no vive en Kokkola sino en Jakobstab y no puede esperarnos hasta la 1 de la mañana para ver si, con suerte, algún avión nos lleva hasta allí. Nada, hay que meterse en ese vuelo cueste lo que cueste.

- "Cariño, hay un problema técnico y han juntado los vuelos de Vaasa y Kokkola. Así que el vuelo de una hora ha pasado a ser de dos, con escala en Vaasa incluida. Pero lo peor es que hay demasiada gente para el avión y corremos el riesgo de quedarnos en tierra.
- ¿Y qué hacemos?
- Mira, en cuanto la pava esta se acerque al micrófono para anunciar el embarque, nos metemos allí entre los primeros. A codazos o a hostias, me da igual. Pero tenemos que meternos en el primer bus".

Diez minutos después, la chavala del mostrador se acerca al micrófono y allí que salimos disparados. Funciona. Dos minutos después estamos en el bus. Nos ponemos en el medio, ni en la salida ni en la entrada. Y de aquí no me saca ni la guardia civil.

Pasan los minutos y la gente va llenando el minibús poquito a poco. Me pongo muy nervioso. Cat está tristona por lo que pueda pasar. Dos señoras comentan que "la compañía compensa con 75 Euros a los que cojan el siguiente vuelo o cancelen el viaje". Nos miran. "Y si yo fuese un estudiante me quedaría, siendo tan joven, seguro que me lo puedo pasar genial igualmente con ese dinero", añaden. Me muerdo la lengua, no quiero contestar. No crear polémica. Pasar desapercibido. Pero esos 75 Euros, señora, se los puede usted cobrar en monedas de céntimo y metérselas por el... Suerte que me mordí la lengua. Casi sangro y todo.

Llega una azafata. Mira. Observa. Silencio suyo. Silencio en el minibús. Entonces, tranquila, como si fuese lo más normal del mundo, nos anuncia por megafonía que sigue habiendo gente arriba -pobres desgraciados - y que si hay algún voluntario de última hora sería un detallazo. No se mueve ni Dios. No se respira. La azafata se queda en el bus y repite el mensaje otras dos veces. Yo rezo para que la cifra de gente en ese bus sea la exacta para el avión y no haya que hacer criba. La tía habla por walkie talkie cinco minutos, echando miradas furtivas al bus. Se masca la tragedia. Y al final le hace una seña al conductor, se cierran las puertas y allí que nos llevan ¡rumbo al avión!

Subimos al avión con cuarenta minutos de retraso. Primero aterrizamos en Vaasa y luego en Kokkola - que a esas alturas de la vida yo ya había rebautizado como CocaCola. Martin nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja pese a la demora. Metimos las maletas en el coche y, sólo entonces, al filo de las diez de la noche, comenzó uno de los mejores fines de semana de mi vida.

Como detalle final: cuando nosotros hicimos la primera escala en Vaasa, hubo gente que de hecho subió al avión con destino a Helsinki - y que obviamente tendría que ir primero a Kokkola. Así que supongo que el avión que cubría la ruta Helsinki-Vaasa-Helsinki debió de joderse de mala manera.

A mí plin. Con retraso, pero llegamos. El fin de semana fue increíble y, la vuelta, como la seda.

Unas fotillos...

Martin, nuestro Capitán, en su barco.

Catta y la luz de la tarde

El embarcadero a la caída de la noche

Bodito y herposo

Herposo y bodito

El agua estaba fría al principio pero luego no querías salir por nada del mundo (salvo cerveza).

Una dieta rica rica para compensar la ya citada cerveza...

Cat radiante de camino al pueblo para echarnos unos bailoteos y algún concierto.

La sobrinica de Martin vacilando de moto. Lo cachondo es que esa pedazo moto no es del padre de la criatura - en la foto - sino de la madre de mi amiguete. Mamá, no, ni lo pienses.

¡No iba a faltar la foto del perro! Una monada y con una vitalidad tremenda.

El tax free del aeropuerto de Kokkola. Una cabina de 2 metros cuadrados. Si no le hago una foto reviento.

Por último, el avión de la ida. Helsinki, Vaasa, Kokkola. Mira, al menos puedo decir que he estado en Vaasa. Estuve media hora. Muy bonito, y tal.

4 comments:

Cat said...

Nice pics baby!

Hellsinking said...

Thanks hun! Nice pics for a really nice trip! :)

Anonymous said...

Problemas en el aeropuerto, paseos en barco, sandías y pepinos... Si no llega a ser por los atardeceres, me dices que el viaje lo hiciste a Murcia y me lo creo :P

Anonymous said...

Yo creo que, efectivamente, como dice Elías, te has ido al Mar Menor. La prueba -aparte de las sandías y pepinos-: en la foto del baño no te veo crispado (y el agua en esas latitudes debe estar a -15º; segundo: no te cubre, luego,impepinable: es el Mar Menor.
(Qué mala es la envidia!)