Finlandia puede depararte sorpresas maravillosas cuando menos te lo esperas. Vas de compras y te encuentras con una pastilla de:
Bueno, vale, eso no es una traducción sino una suposición escatológica.
Pero molaría. Sería un regalo cojonudo para el jefe, ¿no?
Lo que todavía no me cuadra es la razón por la cual tienen el cartel en español. ¿Será que sólo los turistas españoles son tan cafres de comprar eso? O, como Juan sugiere, a lo mejor es un tema nostálgico: ¿será un producto para aquellos expatriados que echan en falta las minas antipersonales tan típicas de las aceras en algunas ciudades españolas? O, oye, puede que este sea el nuevo producto estrella de exportación hispana y todos los días salgan de los puertos españoles barcos y más barcos con las bodegas llenas de mierda. Hasta las trancas. No sé. Es una hipótesis algo brusca pero, mira, nunca se sabe.
Sea como sea, si en esa tienda se las gastan así con el jabón, ya me imagino, como si los viera, los productos de la temporada otoño-invierno 2009: pis amarillo (como enjuague bucal), vómito granulado (máscara facial), y flatulencia de ascensor (como desodorante, en aerosol).
Basta.
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