Sí señores, yo he sido portador de la antorcha olímpica. La de verdad, ojo. La porté, para ser exacto, durante 45 segundos. El tiempo de hacer la afoto. Luego se la pasé a Catta por pesada. La antorcha, no Catta.
Hubo una época en que pasaba más tiempo en casa de la familia Ferreirós - del siempre brutal Pablo Ferreirós, que se está comiendo el mundo a bocaos - que en la mía propia. Era llegar a casa y salir escopetado para merendar y jugar con la tropa de amiguetes. Al furgol, al escondite, a las bolas de pino, y tal. Me lo pasaba mucho mejor con ellos que con la gente de mi urba, básicamente, porque los de mi urba eran una panda de hijos de la grandísima puta - tranquilos chavales, os lo repito a la cara cuando queráis.
Volviendo a un tono sano y conciliador, el padre de Pablo, Emilio, siempre ha sido un fantástico triatleta. Y, una de las cosas que más me impresionó cuando era chaval fue ver en la pared de su casa la flamante antorcha olímpica de Barcelona 92. Él fue portador durante unos minutos - suficientes para matarnos de flato a la mayoría - y llevó la antorcha corriendo, con la comitiva detrás. Tienen la foto en casa y, que queréis que os diga, mola un huevo.
En invierno de 2007 a 2008 Cat y yo paramos por Alicante un par de semanas. Emilio y Annette nos invitaron a comer - las tapas estaban de pecado - y luego a casa a tomar el café, y la mistela, y, si me descuido, Catta sale de allí con cuatro chupitos de Whisky escocés del bueno, del de verdad.
Y allí nos hicimos la foto. En su casa, entre mistela y mistela. Los dos por separado, felices cual perdices:
En efecto, aparte de una mula y un diablo de tasmania - como el de dibujos, no el de verdad - también tienen un periquito azul muy majo y bonico.
Por si no me creéis:
Hala, para cerrar, os dejo este vídeo para recordaros la maravillosa manera que tuvo Barcelona 92 de encender el pebetero - viene de "pebete", cágate lorete.
Es la manera más bonita y elegante que se ha visto nunca de encender la llama olímpica.
Con un par.
Lunes terminado, menos pal finde.
Hubo una época en que pasaba más tiempo en casa de la familia Ferreirós - del siempre brutal Pablo Ferreirós, que se está comiendo el mundo a bocaos - que en la mía propia. Era llegar a casa y salir escopetado para merendar y jugar con la tropa de amiguetes. Al furgol, al escondite, a las bolas de pino, y tal. Me lo pasaba mucho mejor con ellos que con la gente de mi urba, básicamente, porque los de mi urba eran una panda de hijos de la grandísima puta - tranquilos chavales, os lo repito a la cara cuando queráis.
Volviendo a un tono sano y conciliador, el padre de Pablo, Emilio, siempre ha sido un fantástico triatleta. Y, una de las cosas que más me impresionó cuando era chaval fue ver en la pared de su casa la flamante antorcha olímpica de Barcelona 92. Él fue portador durante unos minutos - suficientes para matarnos de flato a la mayoría - y llevó la antorcha corriendo, con la comitiva detrás. Tienen la foto en casa y, que queréis que os diga, mola un huevo.
En invierno de 2007 a 2008 Cat y yo paramos por Alicante un par de semanas. Emilio y Annette nos invitaron a comer - las tapas estaban de pecado - y luego a casa a tomar el café, y la mistela, y, si me descuido, Catta sale de allí con cuatro chupitos de Whisky escocés del bueno, del de verdad.
Y allí nos hicimos la foto. En su casa, entre mistela y mistela. Los dos por separado, felices cual perdices:
En efecto, aparte de una mula y un diablo de tasmania - como el de dibujos, no el de verdad - también tienen un periquito azul muy majo y bonico.
Por si no me creéis:
Hala, para cerrar, os dejo este vídeo para recordaros la maravillosa manera que tuvo Barcelona 92 de encender el pebetero - viene de "pebete", cágate lorete.
Es la manera más bonita y elegante que se ha visto nunca de encender la llama olímpica.
Con un par.
Lunes terminado, menos pal finde.




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