Normal que me pasen estas cosas. Llevo dos años viviendo en un país en el cual la gente te toma por delincuente por saltarte un semáforo en rojo. Una ciudad en la que hace poco a un colega se le cayó un vale de 500Euricos en gasolina al lado del coche y cuando volvió se lo encontró en el parabrisas. La gente es honrada. Y como no cumplas te puedes meter en marrones considerables. Claro, al final te acostumbras y acabas portándote bien.
Pero yo que vengo de una zona tan radical como el Cabo de las Huertas - con una densidad de macarras descerebrados por metro cuadrado de las más altas de España - y con un pasado muy oscuro - que le pregunten a la tropa de la urbanización Jardín de las Huertas cómo nos las gastábamos - en cuanto veo una oportunidad de retar a la autoridad me abalanzo sobre ella.
Estábamos en Estonia, Saarema para ser más precisos, cuando mi instinto de rebelde sin causa-porque-la-perdí-por-el-camino me advirtió de que tenía una oportunidad de demostrar lo duro que soy. Porque yo, señores, señoras y señoritas - los señoritos no se atreven a entrar a este blog - cuando me pongo soy un huracán de irrefrenable afán cuasi anarquista. Además, en Estonia, ni honradez ni tonterías de esas. Así que me sentía en mi salsa, capaz de pasearme por el filo de la legalidad con la cabeza alta en plan "¿y tú qué miras?".
Y ahí me fui, directo al epicentro de la radicalidad, dispuesto a apoyar a mis hermanos busca-broncas ayudándoles a que su causa y su eslogan se propaguen como la pólvora por el mundo. La contundencia de la frase, la fuerza de la ortografía, el valor de la firma... ¿¡Cómo no me voy a hacer una afoto!?

1 comment:
jajaja.. ya he visto que la entrada de como quitar la mancha de vino causa furor en google :-)
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