Monday, August 11, 2008

Una de mosquitos

Son pequeños pero matones. No, eso se me queda corto. Son pedacitos de infierno con alas. Nah, demasiado poético y falta rabia. Canijos pero muy molestos. Bah, quita, parece que tengo horchata en las venas. Bichos de mierda a los que espero erradicar de la faz de la tierra. Sí, mira, me gusta. Y ahora sí parece que tengo sangre corriéndome por las venas. Sangre ejpañola y francesa, roja y, por lo visto, mu rica.

El año pasado me picaron treinta mosquitos durante el fin de semana del solsticio de verano. Tengo testigos que pueden corroborar esta afirmación. Veinte picotazos entre ambas piernas - que ya son - y el resto repartidos por el cuerpo siguiendo cualquiera que sea el criterio lógico que esos chupasangres desgraciados tengan. Lo malo fue que algunos de esos bocados - porque ya se pasa de picotazo - me dieron alergia y acabé con las piernas bacheadas, untado en crema y jurando en arameo para desahogarme las ganas de rascar.

Pasado un año le comenté a mis amiguetes el respeto que me imponía volver a enfrentarme a tan peculiar temporada de caza, siendo yo la presa. Me daba pereza volver a pasar por lo mismo: estar de barbacoa quince y que sólo vayan a por mí. Y, encima, que me produzcan una reacción y escuezca el triple. Pues eso, da pereza. Por saco.

Así que este año cuando hemos hecho barbacoas siempre me he ofrecido voluntario para hacer el fuego. Y me he puesto a propósito dentro del humo. No delante, cerca o detrás. No. Dentro. Acabas oliendo a parrilla, tu novia reniega de ti, pero apenas sufres ataques. Y, gran noticia, las pocas veces que fueron a por mí no me dio ninguna alergia. Nada. Fue como un picotazo normal. Y de un picotazo normal de mosquito normal sin alergia anormal no me quejo. Tampoco vas a ir de llorón por unos miligramos de sangre.

Pero ¡ay amigo! el viaje a Saaremaa fue otra historia. En el trayecto de la playa al hotel - que hacíamos en bici y que dura cinco minutos de reloj - se cebaron conmigo los mosquitos estonios. No sé cómo se las apañaron para machacarme de tal manera mientras pedaleaba - se supone que no soportan el viento o las corrientes de aire fuertes - pero me imagino que se posaron en mi brazo a sotavento cuando aun estaba parado y, hala, festín de sangre latina.

Estado natural de los bocados, sin rascar ni tocarlos


Insisto: todavía no me había rascado, esa es la reacción natural

Claro, obviamente, aunque uno tenga una capacidad de autocontrol corporal mayor que la del Dalai Lama - por citar a alguien, no me preguntéis - al final acabas cayendo. Hasta el Maestro Pai Mei se habría rascado. Aunque ya no tomé más fotos os puedo garantizar que después de ensañarme con él, el del codo daba miedo.

Pero se acabaron las vacaciones - de las que creo que volveré a hablar más adelante - y de vuelta a Helsinki. A salvo de los mosquitos estonios y dispuesto a saludar a los ya conocidos mosquitos fineses. Total, este año no dan alergia. No hay problema. Están en el bote.

Y en esas estaba hasta que Cat, hace dos noches, me gritó desde el cuarto que "hay un mosquito en la habitación". Yo estaba al ordenador consultando estupideces - no me acuerdo pero lo presupongo - y le contesté que "si lo puedes matar tú, mejor, cariño que yo estoy líado". Pam, catapam. Listo. Es bastante grande, échale un vistazo. Y en eso que dejo lo que estaba trajinando y miro.

- Cariño, eso no es un mosquito.
- ¿No? Vaya... Pero... ¿Qué es?
- Un helicóptero.


Helicóptero

Si me pican dos de estos, me disecan.


Como no tenía a mano mis utensilios del "kit CSI Cabo Huertas" no pude poner una regla para hacer la foto así que coloqué un portaminas para que os hagáis una idea del tamaño de la criatura. No estoy a salvo ni en Finlandia ni en Estonia.


Para el toque educativo del día, cito la conocida página - a la que siempre recurro para solucionar dudas y preguntas difíciles - Educación Inicial:

Los machos se alimentan de la savia de las plantas y del jugo de las frutas. El alimento favorito de las hembras es la sangre. Aunque el mosquito es una molestia, hace poco daño. (Vete a Estonia a ver qué te pasa, no te joroba... ) Algunos parientes del mosquito doméstico común, sin embargo, pueden transmitir el paludismo o la fiebre amarilla. Y estos si son peligrosos! Si hombre, nada más faltaba que los mosquitos por estos lares transmitieran la fiebre rusa - de la que mejor no hablo o me cierran el blog.

Bromas aparte, para los que quieran fuentes más sólidas: ¿Cómo eligen a sus víctimas estos pequeños hijos de puta?


Para cerrar una de Mecano, en playback, con un par:

2 comments:

Anonymous said...

O_O

Vaya, me habían hablado de los famosos mosquitos fineses (no de los estonios), pero por lo visto hay que combatirlos con armaduras, menudas piezas.

Por cierto, soy el que sin querer te mandé un correo por duplicado, perdona, se me pasó y le volví a dar.

Saludos

Enkeli said...

¡Coño con el mósquito! pues hasta ahora estaba bien contenta de que no me había picado ninguno y hace poco he visto dos picadas, lo que no he visto han sido a los jodíos mosquitos, que por el tamaño, digo yo que los tendría que haber visto,no? juasjuasjuas!

Bueno, puff, no sigo leyendo que mañana hay que madrugar! Un blog muy interesante, sí señor!